Daniel Morales no parece actor cuando lo veo por primera vez. O sí. Está caracterizando a un organizador de filas y expendedor de boletas para docenas de personas que van a entrar esa noche a El Trueque a ver “El insepulto o yo veré qué hago con mis muertos”, la obra propia que exhiben por estos días en su sede, contigua al fulgurante Pablo Tobón Uribe.

Habla con un lenguaje actoral, etéreo. Se le nota un convencimiento pleno en lo que dice y pasión por lo que hace. No se dedica a otra cosa, no tiene una profesión alterna ni una identidad de oficinista en las tardes. Vive y trabaja para el teatro en El Trueque. Incluso, una chica que recién acaba de dejar la adolescencia  fabrica un paréntesis en nuestra conversación para consultarle a Daniel algo sobre la música que ambientará el lugar una vez termine la función y uno que otro asunto administrativo, lejos de la magia despreocupada del teatro.

José Félix Londoño fundó El Trueque hace 17 años, respaldado por un grupo de estudiantes de teatro en la Universidad de Antioquia y sin una sede propia, solo con su propuesta escénica. En 2009 ocuparon una vieja casona que ya había sido el nido de El Pequeño Teatro y de la desaparecida Ex Fanfarria.

Daniel dice que entró a El Trueque por la fusión estética con los textos teatrales. “Hay algo de Beckett, algo de Brecht, de Stanislavski, creador del teatro moderno, Grotowski, Meyerhold. Entonces hay toda una composición que llama mi atención”.

En El Trueque las obras son adaptadas o se construyen a partir de un texto. De un cuento de Edgar Allan Poe, como “El corazón delator” nace una obra teatral montada por el grupo, con una dramaturgia propia. “Aquí no montamos teatro para teatro, como por decir, vamos a hacer Romeo y Julieta tal cual. No. Lo hacemos a nuestra manera, con nuestros propios diálogos, modernizada, con una estética única”, dice Daniel. “El insepulto”, la obra que está en cartelera, está basada en “Antígona”, la famosa tragedia griega de Sófocles sobre la vida de la hija del rey Edipo de Tebas, que se casó con su madre, Yocasta, sin saberlo.

Le pregunto a Daniel cómo compara El Trueque con los otros teatros, o por qué es distinto a los demás. Hábilmente lo compara en términos futbolísticos como un equipo sorpresa. “Hay unos que tienen su renombre, son como el Alemania de los teatros, a veces se descachan, pero no pierden su gran nombre. Y este es ese equipo que sorprende. Cada montaje es una sorpresa para la ciudad, y traemos la gente a través del voz a voz, así sea un estreno que no ha visto nadie. Hacemos prensa, el Maestro José Felix escribe y así”.

En este teatro tienen obras infantiles, navideñas y con contenido fuerte, crudo y directo. Para todos los públicos. Las comedias policíacas son algunas de las favoritas de los asistentes porque los diálogos y las acciones son más descarnadas.

Al indagarlo sobre la calidad del teatro en la ciudad, Daniel reflexiona y dice que la competencia es fuerte, de talento. Asegura que hay que aprender y mucho, “hay que estar, ejercitarse, dialogar con los maestros, aprovechar la bohemia para nutrirse de ellos y de quien quiere enseñar”.

Daniel Morales es actor del teatro El Trueque. Se unió a este por la fusión estética que realizan con los textos teatrales.

En medio del diálogo Daniel me dice que ha actuado para televisión y es inevitable caer en el fangoso cliché de ponerlo a comparar si el teatro o la pantalla chica (digo, ya metidos en frases hechas). “Yo, Daniel, me quedo con el teatro. La televisión corta un poco las alas. El teatro te permite improvisar, engañar al espectador con la capacidad de retomar el diálogo cuando se te olvida o se te van las luces. Me gusta más el drama y la tragedia, aunque menos la comedia”.  Aunque me confiesa también que su sueño es llegar a actuar para el Canal Warner por la capacidad de hacer series con discursos burdos de personajes satíricos e irónicos.

La casa que habita hoy El Trueque, ya lo dijimos, fue hogar de otros grupos y es inevitable indagar por esta condición. “A veces nos quedamos ensayando las obras durante horas y horas, y aquí nos dan las tres o cuatro de la mañana montando diálogos y movimientos. Y va a ver que sí, que hay sucesos paranormales e inexplicables. Cortinas que se agitan, vientos y sonidos que van más allá de lo normal, presencias y ambientes que se enrarecen. Pero lejos de asustarnos, lo sentimos como una compañía de los maestros que ya no están. Es como si, por ejemplo, el espíritu de José Manuel Freydell, fundador de la Ex Fanfarria y uno de los dramaturgos más importantes en la historia teatral de Medellín, asesinado en 1990, nos acompañara o nos dirigiera desde el más allá.

Mientras Daniel se aleja, porque tiene que atender la salida de la obra de sus compañeros, la música y asuntos del café-bar, noto que la modalidad de pago es fija para ver las obras, 20.000 pesos para el público en general y 10.000 para estudiantes con carné, adultos mayores y personas en situación de discapacidad, y que los jueves son jueves a dúo, donde dos personas pueden ingresar por 16.000 pesos. Y también veo que quieren dejar de pagar alquiler en esta casa, que quieren tener una propia y por eso están fomentando una red de amigos. Buscan estrategias para, como ellos mismos dicen, “conseguir esa trinchera desde donde con toda seguridad el mayor esfuerzo será ofrecerte una mejor obra”.