The Gallery at Divas: arte en espacios no convencionales

Mar 11, 2020 | Cultura

Barbacoas es el hogar de este sitio que obliga a replantear la idea de territorio centro y a olvidar estigmas obsoletos.

Por Valentina Castaño

Llega la noche y junto a esta se encienden las luces de neón que iluminan las aceras de la avenida Palacé. En un costado, justo en su cruce con la calle Perú, la vasta clientela de un local particular desborda el interior de este y se toma toda la acera de enfrente, obstaculizando así el armónico bamboleo de las amazonas de la zona. Cabellera y cadera pierden su ritmo mientras las chicas, con bolso en mano y nalga afuera, se abren paso entre las conversaciones imperturbables de los asistentes de aquel espacio y continúan su recorrido hasta perderse en la esquina. Sobre la escena, en un modesto pero elegante letrero se lee un título bastante apropiado “The Gallery: At Divas”.

Adentro todos se conocen, o así lo parece, se mueven sin chocarse entre los dos salones principales, con sus ojos puestos en las piezas artísticas que de momento tienen allí su morada, hipnotizados por colores, texturas, voces y luces que destellan en la sonrisa perpetua de uno y las pezoneras de lentejuelas doradas de otro. No parece haber protocolo más que el arte y la vida que emana de ellos mismos.

El equipo de trabajo, incógnito entre los asistentes, se empodera de sus ocupaciones. Miguel Gallardo, el dueño, se desliza, sirviendo con agilidad y presentación de bar-tender, los pedidos de la clientela. Teresita Rivera Ceballos, la gestora de todo, y Jorge A. Zapata, el artista, el maestro permanente, reciben a cada nuevo visitante con honesta alegría de verlos allí, mientras que Omar Ruiz, el curador, admira desde la barra el montaje de la nueva exposición “Quebrantamientos”, y discute con los expositores.

Las caras nuevas se distinguen porque en ellas se dibuja la duda inevitable, ¿dónde estoy? ¿Qué estoy viendo? ¿Qué es Divas?

Los portavasos húmedos tendidos sobre la barra responden a estas preguntas cada que alguien decide levantar su trago: “El primer bar galería no convencional en el centro de Medellín, dedicado al cuerpo, el erotismo y al territorio.”

Pero ¿cómo llegó una galería de arte a reunir a la escena cultural de la ciudad en un sector caracterizado por las historias de terror y muerte con las que el habitante promedio lo identifica? podemos limitar la respuesta a una frase, el junte correcto. Miguel Gallardo, llegó de Estados Unidos con la convicción de hacer negocio, algunos intentos fallidos lo dejaron con un bar en Barbacoas, que quiso adaptar a la demanda de las chicas trans de allí. Dos cuartos en la parte posterior serían destinados a sus “reservados” mientras que en la entrada funcionaría la barra. Sin embargo, sus referentes neoyorquinos lo motivaban a innovar, sabía que el arte y la vida nocturna podían ir de la mano.

Mientras al local se le hacían adecuaciones, por coincidencia o destino, los maestros Omar Ruiz y Jorge Zapata, frecuentes de Barbacoas, conocidos allí por realizar murales involucrando a la población local y por ser exploradores de lugares no convencionales para hacer arte, dieron con un tesoro que no sabían que buscaban.

De esta forma comenzó con Miguel una relación de mecenazgo, él gustoso prestó y adecuó su bar, a las sugerencias que los hombres de la mano de la gestora cultural y compañera Teresita Rivera, creyeron pertinentes para sacar a flote la primera exposición. Esta se realizó con obras de Jorge, las cuales se ubicaron entre cobijas y condones dentro de los que eran aún cuartos para los “reservados”. La gran acogida, la emoción por el encuentro cultural y el surgimiento de un sueño colectivo, hizo que el resto fuera historia.

At Divas, el bar para copas y encuentros entre trans y clientes era ahora una galería de arte, y de allí su nombre que en español traduce: La galería en divas.

“Al principio pensábamos que todo lo que íbamos a trabajar era el tema trans, pues esta es la calle de las chicas trans. Pero vimos que no podíamos desconocer todo el otro contexto que también tenemos en esta calle de Barbacoas. Por esto nos decidimos por tres ejes curatoriales para trabajar: cuerpo, erotismo y territorio, de ahí no nos movemos,” comenta Teresita. Hoy tienen la agenda llena con exposiciones hasta febrero de 2021.

El proyecto se mantiene por amor al arte, sueños de transformación en el territorio, necesidad de expresar el ser dentro de una urbe que busca limitarnos a ciertos espacios y clausurar otros; y por la acogida, por supuesto. Allí llegan artistas, maestros, viajeros, grandes personalidades, chicas trans y curiosos, que se quedan al encontrar un ambiente único en la ciudad.

“Me dicen, pero este sector es peligroso, y yo me río. Si supieran lo que es peligroso. Esto aquí es diferente, veo el cambio y seguirá cambiando,” afirma Miguel cuando se le pregunta por el mayor estigma del sector, la inseguridad.

Divas no es solo un espacio físico, es un proyecto, un movimiento artístico y cultural, y la proyección de sus gestores es hacerlo crecer, llevarlo hasta Europa, hasta cada rincón. “Que se reproduzca, como bacteria” concluye Jorge Alonso, con un semblante que impide no sentir esperanza por la imagen del centro en el futuro, una que estará a la altura de las grandes ciudades, donde se respirará la cultura que pide a gritos un espacio en la eterna primavera.

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