domingo, noviembre 19, 2017
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El renacer de los teatros del centro

Más público y mayor variedad en la oferta mantienen optimistas a los teatreros del centro de Medellín. ¿Cuánto tiempo durará el cuento?

 

Son las 7:00 p.m. de un viernes cualquiera de julio y una multitud de gente se agolpa en la puerta de una casona. El aviso de la pared exterior, en medio de una pintura vistosa, anuncia el lanzamiento del nuevo montaje de una de las obras de Shakespeare y dos jóvenes vestidas de negro leen en voz alta la reseña. Se emocionan, casi tanto, como si fueran a ver a su banda musical favorita.

En menos de media hora las puertas se abren, la música suave invade el ambiente y, súbitamente el lugar se hace suave y placentero, como si esas puertas aislaran el centro cultural, del río de gente que circula a toda prisa y de la caravana de carros que pita en medio de la calle. Sí. Es viernes y estamos en el corazón de Medellín.

Minutos antes de las 8:00 p.m. las puertas de la sala negra cercana al patio se abren y todos, apresurados, toman sus asientos… las luces se apagan, el sonido reina y la magia empieza.

Primer acto, el renacer del teatro

Aunque Medellín está muy lejos de tener espectáculos masivos y continuos de teatro, los directores de los principales centros culturales del corazón de Medellín coinciden en que en los últimos años la demanda ha tenido mejoras.

Sergio Restrepo, director del Teatro Pablo Tobón Uribe, cree que la oferta cultural del centro ha crecido, se ha consolidado y, sobre todo, se ha diversificado. “La gente está en el centro. No hay que recuperarlo, hay que habitarlo mejor y quitarle esa cosa de que siempre hay que andar a la carrera”, dijo. (Leer también: Cultura que transforma el centro)

Desde su oficina en el Teatro Matacandelas, el director Cristóbal Peláez coincide con su colega, aunque matiza el optimismo. “Ese crecimiento es por temporadas. Venimos en un ‘sostenuto’ con tendencia a seguir subiendo. Pero no es un milagro de ahora, es el resultado de un trabajo de muchos años”, dice mientras se toca la cabeza.

Y lo dice con conocimiento de causa. Este 2016 se cumplen 30 años desde que Cristóbal y el teatro se asentaron en el centro y se convirtieron en testigos de la agonía que se vivió durante el auge del narcotráfico y sus carros bomba; y la posterior resurrección, que según Peláez apenas empieza.

“El centro está más habitado. La gente está viniendo más y épocas que antes eran muertas como enero, se han convertido en las más concurridas. De pronto porque la gente está arrepentida de tanta parranda y llega con apetencia de cultura. O de pronto porque en la zona hay más oferta de tabernas y bares para dar rienda suelta a la tertulia”, agrega el director del Matacandelas, antes de soltar una carcajada sonora.

Cerca de allí, en el Pequeño Teatro, Albeiro Pérez es un poco más reservado en las celebraciones, a pesar de que este año alcanzó un récord que lo llena de orgullo: en 19 funciones logró más de 4.500 espectadores para el clásico Macbeth de Shakespeare.



Ese estreno marcó el punto más alto de asistencia este año. La otra cara de la moneda -poco público- la vivió hace algunos días en medio de vacaciones escolares, finales de fútbol y eventos de ciudad.

Sin embargo, aclara, el promedio de espectadores para los días viernes y sábado ha subido a 800 personas, en parte también por la diversificación a la que decidió apostarle incluyendo un concierto mensual y exposiciones periódicas de pintura.

Desde la Oficina Central de los Sueños, Jaiver Jurado reconoce que, aunque el primer semestre estuvo estable en cuanto a asistencia, tiene más expectativas para la segunda parte del año que históricamente ha sido la más movida en su teatro.

Las obras en la Oficina Central tienen una concurrencia menor, pues el lugar tiene espacios más pequeños y están diseñados para públicos de 80 personas en promedio. Sin embargo, cada vez es más la gente que llega. Jurado le atribuye parte del éxito a actividades como Caminá Pa’l Centro y se considera optimista frente al futuro, pues cree que la peatonalización de La Playa atraerá más visitantes.

El toque dramático de la obra lo pone Iván Zapata, director del Teatro Popular de Medellín, y quien asegura que en el centro la oferta cultural sigue siendo superior a la demanda. “En parte porque el estigma que hay sobre el centro no se ha podido superar y las medidas de seguridad tomadas por las autoridades no han tenido el efecto esperado”, dice.

Desde su perspectiva, los grandes problemas de ciudad, como seguridad y movilidad, terminan perjudicando también al sector artístico y por eso la asistencia a los teatros se ha mantenido igual “pero por lo bajo”.

Segundo acto: Salas abiertas y aportes voluntarios

Dos sistemas han permitido mejorar la financiación de los artistas en Medellín. El primero es el programa Salas Abiertas, impulsado por la Alcaldía para fortalecer el sector de artes escénicas. El segundo es el sistema de entrada libre y aporte voluntario, que muchos teatros han adoptado como propio.

Ambos esquemas despiertan amores y odios, pero su efecto en la transformación de ese sector es innegable.

Sergio Restrepo cree que el sistema de Salas Abiertas debería únicamente pagar la entrada de quien no puede costearla y que, por el contrario, se debería cobrar la tarifa completa a quien pueda pagarla.

Cristóbal Peláez y Jaiver Jurado, en cambio, ven esta oportunidad como la de una “degustación” gratuita que sirve para antojar a los espectadores de más productos.

Sobre la entrada libre con aporte voluntario, la mayoría coincide en que se trata de un esquema respetable, aunque no todos lo comparten. Su principal defensor e impulsor, Albeiro Pérez, dice que gracias a los aportes voluntarios ha podido llegar a más público y crear consciencia entre la gente sobre lo que realmente vale el trabajo del artista.

Acto final: la tragedia de un centro sin feria

Iván Zapata, del Teatro Popular de Medellín, criticó que a pesar de que el centro ha sido tomado como punto de transformación, continúa excluido de las actividades centrales de la Feria de las Flores. “Si las políticas son recuperar la zona, ¿cómo es posible que ninguna actividad importante de la feria esté en el centro? Eso afecta directamente a las entidades culturales y artísticas”, dijo. Zapata propuso que en próximas ediciones de la feria se aprovechen los programas piloto de peatonalización para volver a tener el Desfile de Silleteros en la comuna 10, donde nació.



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