En algunos países del mundo ha tomado fuerza la tendencia “antivacunas” que promueve no hacer uso de la vacunación por considerarla innecesaria, o incluso, peligrosa. Expertos nos cuentan sus implicaciones y cuál es la situación en Medellín.

Por: Diana Isabel Quintero R.

Desde finales del siglo XVIII cuando Edward Jenner descubrió la vacuna contra la viruela, la vacunación ha sido considerada la estrategia de salud pública más efectiva para la prevención de enfermedades infecciosas, las cuales pueden producir muchas secuelas y complicaciones, además de un alto número de muertes.

Sin embargo, a pesar de la efectividad y seguridad demostrada por las vacunas, su uso en la actualidad es cuestionado por determinadas personas y grupos que divulgan informaciones imprecisas. Como resultado, se han afectado los sistemas de vacunación masiva, ocasionando brotes epidemiológicos de patologías que en algunos casos se consideraban erradicadas, como el sarampión.

“En Colombia esos grupos no han tomado la fuerza que tienen en Europa, donde evitaron que los padres vacunaran a sus hijos contra el sarampión, y por eso hoy se encuentra llena de esta enfermedad”, narra Ruth Alicia Cadena, coordinadora del Programa Ampliado de Inmunizaciones de la Secretaría de Salud de Medellín. Por su parte, el alergólogo Ricardo Cardona Villa sostiene: “El movimiento antivacunas me parece altamente peligroso, un ejemplo es la difteria, ¿terminaríamos entonces todos con difteria? No, ese tipo de situaciones no se pueden tolerar”.

Según la doctora Cadena, uno de los mitos más extendidos es el que afirma que algunas vacunas se venden a nivel particular porque las que da el Estado no son de buena calidad. Ella aclara: “Resulta que los laboratorios que producen vacunas en el mundo no son más de diez, y ellos producen vacunas tanto para los esquemas nacionales de cada país, como para la venta. Primero, son los mismos laboratorios, segundo, son sometidas a iguales procesos científicos de años de investigación”. Además, explica que las vacunas que da el Estado no son gratuitas, este las compra pero las aplica sin cobro, que es un concepto totalmente diferente. Y va más allá: “Cuando pagamos los impuestos y la seguridad social estamos pagando nuestra protección, que incluye las vacunas”.

Otro de los motivos por los cuáles muchos individuos no ven necesarias las vacunas es porque a medida que las enfermedades van desapareciendo, la población las olvida y les pierde el miedo. Muchos padres no están familiarizados con algunas patologías y sus consecuencias, porque nunca las han tenido que enfrentar, y por ello no las perciben como

peligrosas. En su reemplazo, sienten temor a los efectos secundarios de las vacunas, que, aunque pueden existir, según la ciencia son escasos y generalmente leves.

Se calcula que la vacunación previene entre dos y tres millones de muertes anuales, pero mejorando la cobertura mundial esta cifra llegaría a los 4.5 millones de muertes evitables.

En la publicación “Mitos y realidades sobre alergia a vacunas”, de autoría del doctor Cardona Villa y un grupo de colegas, se explica que las reacciones de hipersensibilidad a vacunas tienen baja prevalencia. En caso de presentarse, el paciente debe ser evaluado por el alergólogo, quien según el riesgo/beneficio y luego de los estudios pertinentes, definirá la posibilidad de aplicar o no.

Hay algunas vacunas que están contraindicadas, debido a algunas enfermedades específicas que puede tener la persona, pero eso se define cuando va al punto de vacunación y se le hacen las preguntas de control respectivas, complementa la experta de la Secretaría de Salud.

Especial cuidado

“Hablando de Medellín, hay que protegernos porque tenemos un fuerte proceso migratorio de otros países. Somos una ciudad que atrae al turismo, que se está abriendo al mundo.  El movimiento de la gente hace que también se muevan los riesgos, tanto de llegar con enfermedades, como de salir con enfermedades, o de salir a sitios que tienen alto riesgo y venir enfermos”, enfatiza la doctora Ruth Alicia Cadena.

Es el caso del sarampión, que por cierto se reactivó en América, la mayoría de los casos que se han confirmado en el país han sido importados. “Concretamente, el primer caso que nosotros tuvimos en Medellín fue un niño venezolano, que llegó a Colombia con la enfermedad activa. Además, por ejemplo, en el país no tenemos polio hace 20 años, pero eso no quiere decir que no exista en el mundo, y si por cosas del movimiento migratorio ingresa al país y uno está susceptible, se puede enfermar”, sostiene la especialista.

Según la funcionaria, el esquema de vacunación colombiano es uno de los más completos de Latinoamérica, y en Medellín hay más de cien puntos de vacunación habilitados, distribuidos en todas las comunas de la ciudad. “En este momento estamos protegiendo contra 26 enfermedades, a través de 21 vacunas que se aplican a los niños menores de 6 años, a las mujeres en edad fértil, a las niñas de 9 a 18 años, a quienes se les aplica la vacuna contra el cáncer de cuello de útero, y la vacuna contra la influenza enfocada a los adultos mayores y a personas con enfermedades crónicas”.