En medio de un centro de Medellín que muchas veces parece condenado al deterioro, hay instituciones que siguen apostándole al territorio. Una de ellas es la Fundación Universitaria María Cano, que acaba de invertir 40.000 millones de pesos en la renovación de su campus, una señal clara de confianza en un sector que aún lucha por recuperar seguridad, habitabilidad y vitalidad urbana.
La María Cano también tiene presencia en Cali, Neiva y Popayán. Sin embargo, su sede principal en Medellín es la que está dando de qué hablar por estos días, luego de que se finalizaran las obras de ampliación de su campus.
Dos nuevos edificios se alzan hacia el cielo para ampliar los espacios para sus cerca de 4.000 alumnos. Elkin Restrepo, vicerrector administrativo y financiero de la institución y figura clave en el proyecto de ampliación, nos cuenta un poco sobre el proceso.
“El próximo año cumplimos 40 años, y todo nos trajo hasta acá. Lo hicimos en respuesta al crecimiento de los programas y el deseo de entregar a la comunidad estos espacios. Ya se venía proyectando desde 2023 este crecimiento de infraestructura. Ya digamos que los estudiantes habían respondido, ya la marca María Cano es conocida, los programas de fisioterapia, fonoaudiología y psicología tienen mucha fuerza, los programas de ciencias empresariales ya son reconocidos también y vimos entonces la necesidad de crecer. No por temas de competencia sino por entregarle a los estudiantes lo que verdaderamente les correspondía. Buenos laboratorios, buenas salas de cómputo, espacios para ellos”, expresa Restrepo.
Desde la administración se identificaron las necesidades principales y se pensó en cómo organizar el lugar para la comunidad. La parte administrativa se mudó del bloque uno al bloque tres, dejando este primero únicamente para la academia.
“En el primer piso quisimos desarrollar un espacio donde los chicos se sintieran ellos, con televisor, películas, mesas de billar, adecuamos lugares para que no se fueran de la institución, pues teníamos estudiantes que recibían su clase y se iban, ahora es distinto, se quedan aquí todo el tiempo”, comentó Restrepo.

La institución fue muy cuidadosa en el diseño de los nuevos espacios, buscando ser más amigable con el sector y generando nuevas alternativas para sus alumnos. Por ello, se incorporó paisajismo a la obra, esforzándose por crear espacios verdes. En esta misma línea, se construyó una cancha en la terraza del bloque dos donde los estudiantes tienen vista 360 de la ciudad y un auditorio retráctil para 138 personas.
Además de espacios para el bienestar y el ocio, la rigurosidad académica también fue tenida en cuenta. En el bloque dos se construyeron 10 laboratorios con la última tecnología, una clínica de simulación con sus respectivos equipos para fisioterapia, fonoaudiología, terapia ocupacional, nutrición y dietética.

“Creo que estamos entregando a la comunidad unos laboratorios espectaculares. En el bloque uno también articulamos en el primer piso el laboratorio de alimentos para el programa de nutrición y dietética que va con muy buen crecimiento. Es espectacular, última tecnología, mitigación de humos, olores y con tecnología de punta”, agrega Restrepo.
El compromiso por mejorar en todos los ámbitos ha traído sus buenos frutos. Hoy la Institución se encuentra entre las 100 mejores del país en temas investigativos, el posicionamiento de sus estudiantes en pruebas saber es bastante bueno y van en el camino hacia la acreditación de todos sus campus.
Incidencia de la María Cano en el centro
Pese a los múltiples cambios, la María Cano tiene la determinación de permanecer en el territorio que la vio nacer. Sus nuevos edificios, en la calle Argentina, están conectados con la sede tradicional de la calle Bolivia, a pocas cuadras de la avenida Oriental.
Sobre esta decisión Restrepo cuenta que, “También se trata de respaldar la acción del centro, donde hemos estado por muchos años. De confiar en que en este sector también se puede transformar. Pensamos mucho en el paisajismo y en embellecer las calles Bolivia y Argentina. Queremos mostrar la confianza que tenemos en el centro, donde nacimos y donde vamos a estar por mucho más tiempo”.
No solo la María Cano, sino también todas las instituciones educativas presentes en el centro de Medellín aportan a la conservación del tejido social del territorio. La presencia de estudiantes en las calles, que sin ellos estarían vacías, mejora la percepción de seguridad e invita a otros a habitar el espacio público.
Sin embargo, hay un pedido general. Las instituciones piden que el Estado ponga la parte que le corresponde a la hora de garantizar la seguridad de los estudiantes en el entorno educativo.
“Nosotros estamos comprometidos, la inversión fue de 40.000 millones. Queremos que la administración municipal también aporte. Ya hicimos lo nuestro, estamos esperando que nos ayuden en esa parte. ¿Qué necesitamos? Seguridad, especialmente en la noche. Iluminar, más presencia del cuadrante de policía, sería lo ideal”, concluye Restrepo.
A pesar del abandono que hay por parte de muchas instituciones oficiales, La María Cano sigue creyendo en el centro de Medellín y apuesta a diario por cuidarlo, conservarlo y seguir consolidándolo como uno de los espacios más importantes de la ciudad.
Periodista: Valentina Castaño














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