En el Concejo de Medellín, la Comercializadora de Hielos Iglú S.A. recibió la Orden al Mérito Don Juan del Corral en Grado Oro por sus 55 años de trayectoria. Sin embargo, más que el reconocimiento institucional, fue el discurso de su gerente, Juan Diego Londoño, el que marcó el tono de la jornada.
La distinción fue promovida por el concejal Andrés Felipe Rodríguez Puerta, quien destacó que no se trata solo de cifras o expansión empresarial, sino de “más de cinco décadas construyendo país”. Subrayó además que desde lo público se envía un mensaje de respaldo a quienes generan desarrollo económico y apuestan por la formalidad.
Pero la intervención que concentró la atención fue la del gerente de Hielos Iglú.
“Recibir hoy la Medalla Don Juan del Corral no es solo un reconocimiento para una empresa. Es un reconocimiento para miles de historias de trabajo, de esfuerzo y de oportunidades que durante más de 50 años han hecho posible este proyecto empresarial”, afirmó.
Londoño reconstruyó el origen de la compañía, nacida en 1971 sin grandes inversiones, a partir del sueño de vender hielo en Medellín cuando el mercado apenas se estaba consolidando. Desde esa experiencia, planteó una reflexión más amplia sobre el sentido de hacer empresa.
“El verdadero éxito empresarial no se mide solamente en utilidades. Se mide en el impacto que una organización tiene en su gente, en sus proveedores, en sus clientes y en la comunidad”, señaló.
A esa visión le puso nombre: capitalismo consciente. Un modelo que —explicó— entiende que la empresa no existe únicamente para generar rentabilidad, sino para crear valor para todo su ecosistema.
“Una empresa que solo gana dinero puede crecer… pero una empresa que crea oportunidades transforma vidas”, insistió.

Según el gerente, esa filosofía se ha traducido en oportunidades reales dentro de la organización. Jóvenes que comenzaron como ayudantes, operarios o conductores han podido convertirse en empresarios. A través de su modelo de operación, explicó, algunos colaboradores han logrado administrar sus propios vehículos, generar mayores ingresos, construir patrimonio y cambiar su proyecto de vida.
“Hemos visto familias que pasaron de un salario mínimo a tener estabilidad económica; padres que pudieron llevar a sus hijos a la universidad y familias que adquirieron vivienda propia”, afirmó.
En su intervención también hizo referencia al debate público sobre el papel del empresario en Colombia. Reconoció que hacer empresa implica asumir riesgos y enfrentar incertidumbre, y sostuvo que muchas veces el empresario es retratado como antagonista cuando, en su opinión, es un generador silencioso de empleo y oportunidades.
Después de más de cinco décadas, dijo, la convicción sigue siendo la misma: “Las empresas no solo deben producir bienes. Deben producir progreso. No solo deben generar empleo. Deben generar futuro. No solo deben crecer. Deben hacer crecer a otros”.
Al cerrar, retomó una frase de John F. Kennedy para subrayar el compromiso con el país: no preguntarse qué puede hacer el país por la empresa, sino qué puede hacer la empresa por el país.
El discurso dejó planteada una idea que trasciende la ceremonia: en un contexto donde el papel del empresario suele ser objeto de debate, Londoño insistió en que hacer empresa también es una forma de construir tejido social. Su intervención no fue solo un agradecimiento, sino una defensa abierta de un modelo empresarial que busca combinar rentabilidad con generación real de oportunidades.















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