Por: Lázaro Alejandro Morales Correa*
En 2026 se toman decisiones muy importantes, y no hablo de lo que serán las elecciones de Congreso y de Presidente de la República, que sí, son muy importantes para el rumbo del país. Las decisiones que enmarco como trascendentales para este 2026 son las que se toman en el territorio y que inciden directamente en la proyección del territorio, en cómo se habita y en cómo se transforma la Comuna 10, el centro de Medellín.
El Plan de Desarrollo Local – PDL es un instrumento fundamental y es la herramienta de planeación participativa más importante que pueda tener un territorio. En lenguaje simple, es la hoja de ruta donde se identifican las necesidades de la comunidad y, a partir de esas expresiones, se priorizan proyectos que orientan la inversión de los recursos públicos.
La última construcción del PDL se dio hace más de 10 años, lo que quiere decir que las decisiones que se han venido tomando recientemente se hacen bajo un diagnóstico “viejo”, porque, claro, esta comuna ha cambiado exponencialmente y las necesidades de hoy están lejos de las que se pronosticaron hace tiempo.
Además, en cada periodo de gobierno, el mandatario de turno debe poner a conversar su Plan de Desarrollo Distrital con el Plan de Desarrollo Local de la comuna, y es que el PDL también juega un papel importante para la ejecución de los recursos, porque el plan sirve como base para orientar la priorización de los recursos, incluyendo los de presupuesto participativo. Quiere decir que lo que pase con este tema NO es un trámite menor.
A esto se suma otro proceso igual de importante: la revisión a mediano plazo del Plan de Ordenamiento Territorial – POT, que sí, suena muy técnico y difícil de comprender, pero que, dicho de forma simple, es el momento en el que la ciudad se detiene a revisar si el modelo que ha estado aplicando funciona o no.
Y no, no es que tengamos que empezar de cero, es revisar minuciosamente qué se hizo bien, qué quedó a medias y qué definitivamente se debe ajustar. Para la Comuna 10, esta discusión es clave; existen varios planes parciales, estos son los instrumentos que definen reglas detalladas para sectores específicos, como, por ejemplo, el tan mentado plan parcial de San Antonio o el de San Lorenzo. Esta revisión también se da de la mano de la comunidad, que es la que expresa en materia de ordenamiento territorial cómo su cuadra y barrio han cambiado en este tiempo y que lleva a que se dicten las necesidades de usos del suelo y demás.
Y acá viene una aseveración personal: Medellín debe crecer hacia su centro, hay que rehabitarlo, debe aumentar la vivienda para así recuperar espacios; esto se puede lograr llevando apuestas de vivienda de interés social y prioritario. Ojo, claramente, esta propuesta se debe hacer con equilibrio para entender las dinámicas que hoy nuestra ciudad tiene, porque Medellín sigue recibiendo población, no solo extranjeros, sino también nacionales y quienes se desplazan de los municipios del departamento hacia su capital. Esto nos obliga a planificar mejor y a no improvisar.
Estos dos temas no son asuntos técnicos para expertos, son decisiones que se deben hablar con cada uno de los actores de la comuna, porque ellos definen cómo se invierte el dinero y qué tipo de centro queremos habitar. Y en medio de todo esto, comienzan a gestarse apuestas comunitarias, como la Maloka del barrio Bombona I, que merecen ser contadas con calma más adelante.
*Lázaro Alejandro Morales Correa: Barrista del DIM y Edil de la Comuna 10, Presidente de la Junta Administradora Local en 2024 y 2025.















0 comentarios