Es uno de los inmuebles patrimoniales más importantes de Medellín, sin embargo, los años, el uso y las adecuaciones inapropiadas le han causado un profundo daño. ¿Cuáles son las posibilidades reales de que se le brinde la atención que merece? Responden los dueños y la administración municipal.

Por: Diana Isabel Quintero

La casa de Pastor Restrepo Maya fue construida por su suegro, Juan Lalinde Lema, alrededor de 1872 en el Parque de Bolívar y fue declarada Bien de Interés Cultural de carácter municipal en 1991. “La casa está en la zona de influencia de ese monumento nacional que es la Catedral Metropolitana, pero además está al frente del Parque de Bolívar y esa zona es considerada patrimonio declarado” enfatiza Pilar Velilla, Gerente del Centro.

A pesar de tan prominente palmarés, hoy en día la situación de la propiedad, con estilo republicano que retoma los cánones de la arquitectura francesa, dista mucho de lo que podría esperarse para una edificación tan valiosa. A lo largo de los años ha pasado por varios propietarios, y diversas infracciones urbanísticas y adecuaciones sin permiso, la han afectado.

“Cuando llegamos a esta alcaldía vimos que estaban empezando la construcción de un centro comercial en el patio de la casa, y desde distintas instancias como la Gerencia, hicimos que la autoridad suspendiera las obras, pero la construcción continúo”, rememora Velilla. “Y mientras la obra avanzaba terminamos el proceso jurídico y salió una multa para el dueño de la casa por 225 millones, y la orden de la inspección de demoler lo que construyó. Él decidió hacerlo por su cuenta y verificamos que se hizo correctamente, con la asesoría de un profesional especialista en patrimonio” concluye.

La casa de Pastor Restrepo es un Bien de Interés Patrimonial y es, además, la casa más antigua del Parque de Bolívar.

Hablan los propietarios y la Alcaldía

Carlos Restrepo, miembro de la familia propietaria de la casa, narra ese episodio de la siguiente manera: “En el patio, donde antes funcionaba el restaurante La Estancia, tuvimos un arrendatario que llegó a comienzos de 2016, y sin autorización de los propietarios, ni de la agencia de arrendamientos, decidió hacer unas intervenciones para las que tendría que haber pedido permisos, pasó por encima de Planeación Municipal. Eso generó unas infracciones y nosotros, por ser propietarios del inmueble, nos convertíamos en deudores solidarios del infractor, que era el arrendatario”.

Afirma que, por el contrario, ellos como propietarios le han hecho al inmueble las adecuaciones que la ley les ha autorizado. “Si ustedes dan una visita por la casa durante los últimos tres meses y comparan con la casa que era hace seis meses parece que fuera otra. Nosotros hemos tratado de hacer los arreglos que nos dejan hacer, porque todo es un proceso muy largo”, detalla.

“Por otro lado, hemos sabido que el municipio va a intervenir las fachadas de algunas de las casas del Parque de Bolívar. Si la nuestra no va a contar con esa intervención, esperamos conseguir los permisos de Planeación para hacerlo con nuestros propios recursos, porque lo necesita. Eso sí, la casa no está en situación de ruina, nunca ha estado abandonada”. Concluye.

En opinión de la Gerente del Centro, el problema de que un privado tenga un patrimonio de esa naturaleza, que implica unos deberes de conservación, es el uso. “La casa se puede usar, puede tener oficinas, locales, pero no se puede destruir. No se le pueden quitar los elementos que la han hecho declarar patrimonio. Por ejemplo, en este caso, puertas y ventanas del primer piso, eso nunca se debió haber permitido. Es irrecuperable en lo original, pero se puede y se debe replicar”, indica.

Con respecto a la posible compra de la casa por parte de la Alcaldía, Pilar Velilla sostiene: “cuando llegó el momento se vio la posibilidad de comprarla con presupuestos de la alcaldía que pueden ser utilizados para ese fin, como obligaciones urbanísticas, pero el proceso se demora más de diez meses. O sea, si nosotros entramos a comprar en este momento ya sería algo que pasaría a la otra administración y esto no está permitido con ese tipo de presupuestos. Por su parte, Carlos Restrepo confirma: “el municipio sí ha mostrado interés y mi familia está muy interesada en vender el inmueble. Nosotros tenemos ya un avalúo que nos hizo una sociedad de la lonja y lo único que necesitamos es que el municipio nos llame, pero hasta ahora no ha habido ninguna reunión”.

En ese mismo sentido, Daniel Madrigal, subdirector de Gestión de Paisaje y Patrimonio de la APP (Agencia para la Gestión de Paisaje, el Patrimonio y las Alianzas Público Privadas) explica que la intención de compra viene desde la administración anterior. “Tenemos unas diferencias con el dueño sobre cuánto podría costar. Tenemos unos avalúos que no estamos muy seguros si son los correctos, entonces el primer paso sería hacer uno nuevo, que en estos casos conlleva unas metodologías diferentes. Está el valor patrimonial, que no es el mismo que el de un bien normal, pero también hay otras variables que se analizan como la edificabilidad. No se puede construir, entonces el valor comercial baja. Pero tiene un valor histórico, entonces puede llegar a subir, por eso hay unas ponderaciones que hay que hacer. Dentro de esas valoraciones también está incluido el costo de la restauración. No valdría lo mismo esa casa en perfecto estado, hay que meterle una buena cantidad de recursos para poderla restaurar”. Así arranquemos el proceso de compra en esta administración, ya no se alcanzaría a terminar”, concluye Madrigal.

Diversas voces se han dejado oír proponiendo que, en caso de ser adquirida por el municipio y una vez se restaure integralmente, la casa se ponga al servicio de la comunidad como un espacio cultural. Otras insisten en que al lugar debe ser ocupado por una dependencia de la Alcaldía para que la institucionalidad vuelva a ocupar el centro tradicional. Así, propios y extraños podrían admirar y disfrutar de una de las edificaciones históricas más importantes de Medellín.