Bajen al centro

Oct 12, 2021 | Comunidad, Principal

Esta esquelita va dirigida a los de mejor familia. A los que, habiendo nacido y habitado en él, ahora reniegan de su presencia y conocimiento. Va enfocada entonces, a los que no volvieron al centro y peor, a los que ni siquiera lo conocen porque piensan que Medellín arranca en Llanogrande y termina en Sandiego. O nace en la Loma de Los Bernal y acaba en la glorieta de Exposiciones.

 

Déjenme decirles, habitantes de “las zonas exclusivas”, como llaman a sus barrios los periodistas enlodados en lugares comunes, que se están perdiendo lo que los expertos en mercadeo moderno llaman “una experiencia”. Uno de los primeros impactos es entrar a la Avenida Oriental por la nueva vía del Metroplús, que pueden tomar allá en El Poblado antes de la 30. No traigan carro para que no pasen enojos ni se descompongan. O monten en bus, para que se acuerden cómo era eso cuando valía cien pesos. Si no van de afán, no hay ningún problema. El plan es deleitar la vista, sentir los olores (los unos y los otros), darse  gusto con la variedad gastronómica y percibir la ciudad verdadera, la de adentro, la que sostiene a la otra, a esa prefabricada y artificial, enmallada y plena de nombres en otros idiomas.

 

Se van a encontrar con un aviso en plena avenida que dice “Centro histórico”. No, yo tampoco he podido saber dónde queda. Entonces, todo el centro es histórico, porque pueden venir hasta el Parque Berrio (o el Parque de Berrío, como lo quieran llamar). Allá dizque nacimos todos los paisas y es el otro lugar fundacional de Medellín. Seguro sus abuelos y padres les han hablado mucho de él. Eso allá vive lleno de gente de lo más variopinta, es un punto de encuentro para un montón de personas, venden lotería y café en carritos de mercado, hacen shows de toda clase de piruetas,maromas y adivinanzas. Eso sí, no se pongan a abrir mucho la boca ni a descuidar sus pertenencias, porque sí, en el centro atracan, pero tampoco es invivible ni es un matadero como seguro habrán escuchado del primo del hijo del tío de un vecino al que le sacaron la billetera. Lo mejor es no dar papaya, porque igual, te atracan en la 10 o en la Nutibara. Es más, hasta se te meten a la finca de La Tablaza. Esa no es disculpa para no venir.

 

Ahí cerquita del parque pueden ver la Gorda de Botero, esa en la que se encontraban con la gente cuando venían por acá. Unas cuadritas abajo y llegan a la Veracruz, para que vean lo mismo que en el Parque Lleras y no piensen que las putas solo están en el centro. Por ahí hay restaurantes chéveres y tiendas de artesanías para que no lleguen manivacíos a la casa. En la Plaza Botero se van a dar cuenta de que hay hasta colombianos. Eso lleno de extranjeros y ustedes ni la conocían, muy regularcito.

Si están muy envalentonados pueden ir a mirar el cachivacherío debajo del viaducto del metro, donde les venden desde un brazo de muñeca hasta una olla atómica con empaque y todo. Para que se den cuenta como para todo hay cliente.

Seguro habrán oído hablar mucho de Junín, que era como la zona rosa, como la Milla de Oro o como el Provenza de mediados del siglo pasado. Aquí hay uno sitios para comer bien rico, como el Astor (sí, acá nació el Astor) o el Versalles, el de las empanadas argentinas y una parva fabulosa (parva es todo el conjunto de harinas que venden en las panaderías). También hay comida típica y pasajes comerciales, que son como los malls de sus barrios. Hay almacenes de toda la vida y una cantidad de cosas por ver y comprar realmente fabulosas. Es más, hay tiendas que también están en los centros comerciales de Laureles y El Poblado, como para que no extrañen mucho.

Caigan al Parque de Bolívar, que está recién terminado, o renovado pues. Aquí siempre hay gente tertuliando, arreglando el país o fumándose la yerba, como en el Parque Lleras o los de Laureles. Al lado está la Catedral Metropolitana, la más grande del mundo en barro cocido (sí, a nadie se le va a ocurrir hacer otra más grande en barro cocido).

Leer también: El centro requiere más toma de decisiones
¿Quieren vida nocturna en el centro?

Perfecto. Vengan a los teatros, casi todos están aquí. Tienen bares y es todo un parche venir a las obras. ¿Música? No hay problema. Desde salsa y rancheras, hasta rock del duro en las Torres de Bomboná.

Hay lugares que hasta parecen de El Poblado. Barcitos y cafés de lo más primoroso, con gente bonita, ambiente bacano, de esa que deja conversar. Una zona cultural hippiechic por los lados de Córdoba y La Playa o en los alrededores del Parque del Periodista.

El centro es la ciudad verdadera, más allá de un barrio como Prado, que es el vestigio habitacional que dejaron los que huyeron hacia Laureles, El Poblado o Rionegro. Es un lugar mágico, con olor a palosanto y a orines, a bareta y a pan recién hecho, venden de todo, presentan y muestran de todo y es una delicia caminarlo sin afán. Hay miles de historias por ver y conocer, solo es desprevenirse, desaprender y volver a las raíces de los padres y abuelos. Dense el chance, un diíta de estos, un buen viernes o sábado.

Les va a pasar como a mí que también soy de esos barrios y también denigraba del centro. Volví, y me enamoré, porque nada tan divertido y amañador como el centro sin afán.

¡Aquí nos vemos!

Juan Moreno

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