El virus de la bobada

Feb 10, 2021 | Opinión, Últimas noticias

La mente no soporta la incertidumbre, y por eso trata siempre de encontrar respuestas, seguridades y salidas ante la duda. Todo debe tener una explicación, un por qué, una causa, un efecto. Llevamos un año preguntándonos qué fue lo que pasó para que naciera el virus que arrinconó al mundo, que lo encerró y lo puso a vivir de otra manera.

El virus de la bobada

Por: Juan Moreno

Y aun la ciencia, tan avanzada en pleno siglo 21, no halla una respuesta satisfactoria o contundente. Sigue buscándole una causa concreta a esta pesadilla, a este sin razón, a sí fue un murciélago, un pangolín o un científico rebelde al que se le quebró el tubo de ensayo con el bicho liberado.

Entonces como no hay una razón clara y contundente, el cerebro humano acude a la carpeta “Teorías de la conspiración”, extensión “Disparates varios”, para hallar la causa que deje a todos contentos, Y así nos fuimos varios meses, que los chinos esto o aquello, que mentiras, que eso fue Trump para vengarse de los de ese país; Que no, que Bill Gates y otros millonarios se reunieron por allá en Nueva York y decidieron que había que esparcir el virus para limpiar la raza humana (ni mala idea era tampoco) y después, con la vacuna, implantarle a la gente un chip para robarle los datos.

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WhatsApp, Facebook y Twitter, la trinidad más eficaz para repartir mentiras, se llenaron de las cadenas más rimbombantes con toda suerte de teorías, con testimonios de médicos, de científicos, de profesores, de analistas de los más diversos orígenes, falsos en su gran mayoría, sacados de contexto o con palabras que esa gente nunca había dicho.

Si dichos mensajes fueran inocentes o jocosos no pasaría nada, pero algunos están tan bien disfrazados que el lector poco avisado es presa fácil de su contenido. Que levante la mano el que esté en un grupo de mensajería instantánea y no le haya llegado una cadena de estas y se haya desatado una hermosa polémica que terminó en insultos y despedidas abruptas. Una de las consecuencias más tristes es que el tema de la pandemia puso a pelear a la gente, a dejarse de hablar, a separarse por no encontrar una explicación concreta.

Sin duda la reina de las teorías aberradas y salidas de toda madre fue la que decía que el virus no existe, que “eso es una gripita” y que dejaran el susto por semejante bobada. Entonces no servía el alcohol ni los geles ni los tapabocas. Y aun se ve gente, sobre todo joven, que “no se traga el cuento“, y sale por ahí a reunirse, a hacer la fiesta como si nada pasara.

Es la acción negacionista, el síndrome de esconder la cabeza en el hueco como el avestruz, el pensamiento de “eso le da a otros, no a mí”. Lo que ha sucedido en este ultimo año es un perfecto experimento de cómo nos comportamos como sociedad, de cómo se anteponen unos intereses sobre otros, de la capacidad de aceptar, de obedecer, de la preparación en general que se tiene para afrontar una situación de este calibre. Yo no se si en la ultima gran pandemia, la de la llamada “gripe española”, la gente se rehusó tanto a obedecer como ahora. Es que ni siquiera en la peste negra, que se llevó a medio mundo conocido hace siete siglos, hubo tanto desorden, tanta desinformación, tanto  desinterés y tantas teorías tan salidas de la realidad.

Que tome moringa, que ivermectina, que dióxido de cloro, que se beba el blanqueador, que no, que ese no, que se lo unte, que agüita con limón, que hojas de esto o de aquello, que esta pastilla, que este ungüento recomendado por médicos del Himalaya o por la abuela naturista… El bombardeo es incesante porque no hay cura y si no hay cura pues nos la inventamos en casa o le hacemos caso a cualquier influenciador, que para eso son influenciadores y saben de todo.

Y ahora, llegó la vacuna, bueno, no ha llegado pero ya salió. Pero un momentico, que por qué salió tan rápido, que eso está muy sospechoso, que a ver yo veo qué tiene y que a mi no me van a engañar. La tan ansiada solución entonces ya no sirve porque fue muy inmediata. Que la de la viruela se demoró yo no se cuanto y que yo leí que una vacuna se tarda mínimo dos años en estar lista. Muy raro, mija.

Entonces ya salen a decir que con ellos no cuenten, que muy extraño todo y que no se van a dejar. Y llegan nuevas cadenas de Whatsapp y post de Fecebook y tuits variados. Pero mientras estos dicen lo uno, los otros acosan porque el remedio no ha llegado al país. Que cuál es la demora, que vea que Costa Rica ya arrancó, que los argentinos nos cogieron ventaja y que gente más pobre que uno ya está en lo de la vacunada. Tanto afán para decir que no se van a vacunar.

El principal problema que vamos a enfrentar ahora es convencer a la parroquia para que acate, para que todos halemos para el mismo lado, para que nos unamos en una causa común. Pero nos dejamos enredar y convencer por los nuevos profetas, por cualquier iluminado con la verdad revelada o por el que se cree muy gracioso en redes burlándose y pordebajeando todo lo que hace el gobierno.

Es increíble que en pleno siglo 21, cuando existe tanto acceso a la información, la verdad sea la primera víctima. Tanta especulación, tantas contradicciones, tantos mensajes falsos, apocalípticos y malsanos son peores que el virus mismo.
Contra todo eso hay que vacunarse leyendo a gente seria, contrastando informaciones, haciendo caso a los que saben, no a cualquier payaso que solo busca  notoriedad o un like con el riesgo de generar el caos. Bien decían los abuelos que la bobada también la castiga Dios y aquel viejo y conocido dicho tan sabio y desafortunadamente tan certero: para la bobada no hay pastilla….Ni vacuna.

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