Por: Alexander Barajas

Elvia y su esposo Samuel adoran este barrio improbable. Aquí entre talleres y pocos vecinos, aseguran que se puede vivir feliz…

Cuesta creer que alguna familia viva entre los talleres, bodegas, parqueaderos, fábricas y comercios ferreteros y de autopartes que caracterizan al sector del Perpetuo Socorro, el extremo sur de nuestra Comuna 10, limitado por las calles 30 y 37, y las avenidas El Poblado y la Regional.

Ahora bien, si se habla con algunos de sus muy contados habitantes (según Planeación Medellín, allí hay 58 viviendas), la pregunta más lúcida sería ¿por qué no hay más? Así lo piensan don Samuel Mesa y su esposa Elvia Holguín, quienes viven en el sector desde hace más de medio siglo y no se cambian por nadie.

“Mi esposo tiene 88 años y yo 82. Aquí criamos nuestros hijos y vivimos felices. No hay malos vecinos, ni ladrones, ni viciosos. Siempre hay celadores y los empleados de los negocios son tranquilos, con todos nos llevamos bien. Este puede ser el sector más sano del centro”, dice con orgullo doña Elvia.

Ella refuerza su visión con otras ventajas contundentes: a algunas cuadras de su casa está una estación del metro (Exposiciones), a otras tantas uno de los mejores hospitales públicos (el General), “yo me fui caminando hasta allí para mis cuatro partos” y uno de los templos católicos más bellos de la ciudad, en estilo neogótico, y que le da nombre al sector. “Vamos a misa los miércoles, viernes y domingos”, comenta doña Elvia.

“Nos gusta la seguridad, aunque a veces hay uno que otro habitante de calle grosero. No hay fronteras invisibles y hasta se puede dejar secando la ropa afuera de la casa”, dice Elvia.

Igualmente, recuerdan que sus hijos fueron a estudiar al colegio del aledaño y también céntrico barrio de Las Palmas. Y todo eso sin contar que es un sector estrato 3, a un paso de Sandiego y otros sofisticados centros comerciales. Es más, para contribuir a la diversidad, hace poco abrió allí una tienda de descuento.

Los andenes en Perpetuo Socorro se mantienen despejados en el día, no tanto en la noche, cuando se ve uno que otro habitante de calle.  Hay un pequeño parque que la EDU promete intervenir desde noviembre dentro del plan de mejora de 40 parques, plazuelas, plazas y zonas verdes del centro y hasta se proyecta también una red caminera en este sector para el año entrante.

Vividero muy bien ubicado

Además, pasan por sus amplias vías varias rutas de buses. Ni qué decir de los muchos taxis que recorren estas calles, incluso don Samuel es propietario de uno de ellos. Lo manejaba hasta hace cinco años, cuando un glaucoma le apagó la vista en uno de sus ojos y le dejó muy maltrecha la del otro. Ahora lo conduce otra persona que “le liquida”.

No solo  don Samuel y doña Elvia conocen las bondades y el potencial de esta zona.  Para Perpetuo Socorro hay planes parciales definidos con el fin de aprovechar sus 1.24 millones de m², de los cuales 768 mil m² estarían habilitados para vivienda y 478 mil m² para otros usos.

De prosperar estas iniciativas de la mano de constructores privados, a este sector podrían mudarse en la próxima década casi 2.500 familias más, pues hay condiciones para levantar 1.161 nuevas viviendas de interés social, 1.302 de interés prioritario y 10.447 unidades comerciales (locales, oficinas, consultorios).

Entidades privadas como Comfama también le creen a la transformación del Perpetuo Socorro, por esto trabaja en el montaje de su Distrito Creativo en un predio cercano a la iglesia.

De cierta manera sería un retorno del Perpetuo Socorro a sus raíces residenciales, cuando a estos lares también le llamaban -con unos prejuicios poco fundados y dependiendo de sus distintos sectores- La Bayadera, Lucero o La Alpujarra.

“Antes de que organizaran la Regional esto era un barrio muy alegre, sano, con casas sencillas. Vivían muchas morenas chocoanas, principalmente del servicio doméstico”, rememora don Samuel, evocando las animadas navidades de entonces, cuando antes que fábricas, talleres y avenidas, había hogares cercados por mangas llenas de “higuerillos y grillales”.

Ellos, en compañía de sus hijos y vecinos, recogían las ramas que botaba el río a esta orilla, improvisaban enramadas y sobre ellas ponían las velitas y los faroles, como preludio de los abigarrados alumbrados multicolores que han tenido cerquita por tantos años.

De todas esas familias, quedan muy pocas  (Samuel y Elvia aseguran que solo una más aparte de ellos, los Bermúdez); y de esos antiguos habitantes, solamente esta afable pareja, que se califican a sí mismos como fundadores. Y no solo ellos. Recientemente, cuando la parroquia celebró sus 60 años, fueron escogidos para entregarle simbólicamente al arzobispo Ricardo Tobón, los planos del templo del Perpetuo Socorro.