jueves, diciembre 14, 2017
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De vender en las calles, a enseñar a los niños

Claudia Milena Amariles es docente en la Fundación Vivan los Niños. Cuando era pequeña fue vendedora en las calles del Centro de Medellín.

Antes de ser docente en la Fundación Vivan los Niños, Claudia Milena Amariles fue una niña ventera ambulante como muchos de sus alumnos. En CENTRÓPOLIS le contamos la historia de esta profe, que terminó su proceso académico y ahora se dedica a enseñar a otros.

Por: Daniela Jiménez González

La profesora Claudia Milena Amariles cree que la educación es una de las maneras más poderosas para cambiar el estilo de vida de muchos niños y jóvenes trabajadores o en situación de calle de Medellín. Y sabe del potencial transformador de la educación, precisamente, porque su historia se parece a la de muchos de los que ahora son sus estudiantes en la Fundación Vivan Los Niños de Prado Centro, una entidad sin ánimo de lucro cuyo fin es ofrecer una atención integral a menores en condición de vulnerabilidad.

Hace dieciocho años, Claudia era una niña vendedora ambulante que vivía en el barrio París, en Bello, y trabajaba en las calles de Tejelo con su mamá y su hermana menor. Tenía once años cuando la Fundación Vivan los Niños la encontró y la invitó a hacer parte de una serie de talleres en el Parque de Berrío. Comenzó a asistir, cada ocho días, durante un año, hasta que pasó a otro proceso llamado el Programa Convivencia. Allí se quedó nueve años, mientras terminaba su bachillerato.

El programa aún sigue vigente y trabaja con los niños que se encuentran en alto riesgo social y asisten a la Fundación en la jornada contraria al colegio, allí se les brindan talleres, trabajo social, psicología, refuerzo escolar, opciones de nutrición y recreación y, además, se trabaja con las familias. Claudia siente que la Fundación es como una segunda casa para los niños, porque así lo sintió ella cuando era una pequeña.

En su infancia y adolescencia, el trabajo con la Fundación significó un gran avance para ella y su familia. El acompañamiento fue permanente, no solo con Claudia, sino también con su mamá y sus hermanas menores. Cambiaron los estilos de vida que llevaban arraigados en su rutina. “Como aquí enfatizan tanto en los derechos de los niños, en que no es bueno que los niños estén trabajando, uno ya pierde ese vínculo con la calle”, afirma la docente.

Después de que terminó su proceso académico, Claudia comenzó a estudiar una Técnica Auxiliar en Administración de Servicios de Salud. Terminó su práctica y la Fundación la contactó, porque habían visto su liderazgo y querían proponerle que continuara con ellos, pero esta vez como educadora. Mientras ejercía la docencia, estudió una segunda técnica en Atención a la Primera Infancia. “Inicié mi proceso en el programa de Niño trabajador, en el que comencé. Y luego me cambiaron para Niño Habitante de Calle, un programa donde yo he crecido no solo como ser humano, sino también como profesional”, recuerda Claudia.

La aprendiz de docente

Los primeros años de Claudia como educadora fueron de seguir aprendiendo, especialmente de entender cómo cautivar a sus estudiantes, ganar su confianza, su respeto, de una manera disciplinada, pero con afecto. “Yo tuve los mejores maestros, quienes me direccionaron para dar lo mejor de mí a mis muchachos. Al principio fue un aprendizaje, hasta que me fui enamorando de esto y ya llevo otros nueve años con la Fundación como educadora. Un niño aquí se amaña, el calor humano que se les brinda es mucho. Acá se les escucha, se les atiende. Y como trabajamos de la mano de la familia, siempre estamos enterados de qué les pasa, nunca los dejamos solos”.

Los martes o los jueves Claudia y otros de sus colegas salen por las calles del centro, por el Parque Bolívar, Prado Centro y la Avenida de Greiff, a realizar los mismos recorridos en donde la encontraron a ella hace más de una década, con el objetivo de hallar niños trabajadores o en situación de calle y detectando a aquellos que no han regresado a la Fundación.

“Lo mejor de todo esto es saber que uno puede lograr muchas cosas. Saber que era la primera persona de mi familia que había terminado de estudiar fue muy gratificante, sobre todo, el hecho de que me dieran la oportunidad de poder devolver todo el amor y toda la entrega que ellos me dieron a otras personas”, concluye Claudia.


Más historias de superación

La Corporación Escuela de Cine Gonzalo Mejía, en convenio con la Secretaría de Seguridad y Telemedellín, le apostó a contar una serie de tres microhistorias como la de Claudia Amariles, en las que los deseos de superación personal permitieron que sus protagonistas, habitantes de la Comuna 10, cambiaran sus vidas y se alejaran de los contextos violentos y de delincuencia.

La serie de Microhistorias, llamada “A pesar del pasado” aborda las historias de vida de Fabián, Diego y Ángela. El objetivo de esta producción es sensibilizar a los jóvenes de la ciudad sobre la importancia de la toma adecuada de decisiones y el aprovechamiento de oportunidades. Estos testimonios de vida pueden encontrarse en YouTube, en las redes sociales de la Corporación y en www.comuna10.com.





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