Con dormitorios Sociales, la Secretaría de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos busca restituir los derechos de las personas mayores en situación de vulnerabilidad. Conozca esta bonita estrategia.

Por: Valentina Castaño Marín

En una de las terrazas de un amplio edificio de fachada colores crema y rojo, ubicado en el corazón de la ciudad, un grupo de adultos mayores muy bien vestidos y peinados, realizan una serie de estiramientos guiados. Faltan pocos minutos para que sean las cuatro de la tarde y comience allí mismo la hora de la cena. Todos conocen bien los protocolos y proceden con agilidad con el fin de abrir espacio a nuevos comensales en las mesas brillantes, sin embargo, no escatiman en compartir chistes, sonrisas y hasta poemas. Este momento se extenderá hasta que el último de ellos quede satisfecho.

En la ciudad, el grupo poblacional conformado por personas mayores ha mostrado aumentos progresivos en los últimos cinco años. Según el censo del 2018, se estima que unas 508 mil personas, es decir el 21,3% de la población, son mayores de 55 años. Más de la mitad de ellos viven en estrato uno y dos y no están pensionados, situación que eventualmente deviene en condiciones de vulnerabilidad económica.

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Consientes de este preocupante panorama, la Alcaldía Municipal decidió fortalecer el trabajo del Equipo de Personas Mayores Amautta, entidad encargada de la formulación, dirección y gestión de las políticas, planes, programas y proyectos para la asistencia a personas mayores, dentro de los que se encuentra la estrategia “Dormitorio Social”.

Los Dormitorios

Existen dos, ambos localizados en el centro. Funcionan en el interior de los que antes fueron el hotel La Paz y el Continental. En el primero habitan 150 adultos mayores, mientras que en el segundo 210. Manejan un modelo semi institucional, es decir, no operan en jornada continua.
“La persona mayor puede llegar desde las tres de la tarde hasta las siete de la noche, recibe una cena que se sirve a las cuatro y tiene su espacio donde dormir y guardar sus pertenencias. A las seis de la mañana comienza el desayuno y a las ocho salen a hacer su vida diurna. Generalmente tienen una actividad económica informal”, así lo explica Catalina Arboleda, directora técnica del equipo Amautta.

Los dormitorios también cuentan con espacios de esparcimiento donde los residentes pueden sentarse a jugar dominó, ver televisión, tomarse un café y conversar.

¿Quiénes llegan a los dormitorios?

Estos lugares están enfocados en las personas mayores que carecen de una red familiar capaz de velar por su bienestar y solventar sus necesidades, y se encuentran, o corren el riesgo de encontrarse, en situación de calle. La captación se hace por medio de canales como unidades hospitalarias, el 123 social o la misma comunidad, que envían la solicitud de cupo para los dormitorios al identificar una persona mayor vulnerable. Después se hace un estudio de caso donde se confirma que la persona cuenta con unos criterios mínimos requeridos, como tener más de 60 años, estar ‘sisbenizado’ en Medellín, no tener un régimen contributivo ni gozar de una pensión.

Actualmente existen dos dormitorios, ambos en el centro, sumados alcanzan cobertura para 360 personas.

Logros y retos

Hoy los dormitorios tienen una cobertura para 360 personas, “Ampliar la cobertura no siempre es fácil porque trabajamos con recursos que nos son asignados de manera anual. Nos sentiríamos muy satisfechos con lograr mantener la cobertura que se tiene, además porque este es uno de los servicios en que lo ideal no es que haya más personas, lo que pretendemos es que cada vez existan menos que deban acceder a este”, apunta Arboleda. Para esto la Alcaldía tiene una Política Pública de Envejecimiento y Vejez, reglamentada desde el 2014 y construida en un ejercicio participativo junto con la ciudadanía, a partir de unos ejes de acción, promoviendo una cultura de la vejez que se instaure desde el mismo núcleo familiar y cultive desde la niñez prácticas de envejecimiento activo y respeto por el adulto mayor.

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Mas que un dormitorio, una familia

Carlos Mario Álvarez se mueve entre los pasillos y habitaciones del antiguo Hotel La Paz, con la soltura característica de quien conoce bien un espacio. Asegura rondar los 60 años, pero su semblante es el de alguien que ha vivido mucho más que eso. “Yo llegué de Los Patios”, comenta Álvarez haciendo referencia a los Centro Día que funcionaban hasta hace pocos años en el centro de Medellín, conocidos como el Patio 1 y 2, si bien el primero fue cerrado, el segundo aún se encuentra en funcionamiento.

Él no es solo beneficiario de los dormitorios, también de los Centro Vida diurnos, ha hecho mérito para esto: nunca falta a un encuentro sin una razón de peso. Sus días de montallantas se fueron quedando en el pasado, así como los de andar la calle de la mano del licor y el vicio. “Yo siempre digo, esto es una bendición, el modelo es excelente. Yo he sido muy toma trago, he sido mujeriego, eso sí, siempre muy honrado. Muchos de los que estamos aquí hemos tenido vidas difíciles y quedar solo es una cosa muy horrible, la Alcaldía se volvió la familia de muchos”.

Carlos no necesita dientes para expresarse con una dicción envidiable o para transmitir extrema simpatía con sus anchas sonrisas. Se considera un real afortunado de la vida, su testimonio evidencia la importancia y necesidad de continuidad de estos modelos.