miércoles, noviembre 22, 2017
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El último bosque del centro

El cerro La Asomadera, una de las reservas naturales más importantes de Medellín, queda en todo el corazón de la ciudad. Allí se hace deporte, se avistan aves, se disfruta de la fauna y hasta se hacen algunos picnics.

Por Redacción Centrópolis

Un oasis silencioso, con árboles tropicales, aves de todos los colores y una vista inigualable de Medellín, eso es el cerro La Asomadera, el único pulmón verde que le queda al centro. Allí cuesta menos respirar, los oídos descansan y los ojos se quedan prendidos de cada nuevo animal o árbol exótico que aparece.

Recostada en un palo de chontaduro, Elizabeth Arias -vecina del barrio Las Palmas- recuerda que en el 2009 el cerro estuvo a punto de convertirse en un botadero de escombros. “En esa época yo pensé que el cerro se iba a acabar. Venían muchos muchachos a tirar vicio y entonces la gente no volvió. Y cada vez más basuras y escombros de las construcciones de allá -señala hacia la Loma del Indio- terminaban acá”, cuenta.

Los archivos de prensa muestran que entre 2007 y 2009 el cerro estuvo cerrado por orden de la Secretaría de Medio Ambiente, que también temía que el sitio se volviera una escombrera ilegal.

Pero, como las larvas que aquí se convierten en mariposas, el lugar se transformó en el paraíso que Esteban Arias disfruta con sus amigos en bicicleta. “Me gusta venir acá porque puedo hacer de manera segura rutas de montaña, sin tener que irme lejos porque mi mamá no me deja”, dice.

El milagro fue producto del trabajo de la comunidad: al ver su parque de recreo en riesgo, decidieron juntarse, hacer convites, plantar árboles y devolver el cerro a la vida.

Héctor Jaramillo fue uno de los líderes de ese proyecto. En su mente aún se conservan los días en que cargaba plantas desde su finca para ayudar a reforestar el cerro. “La mayoría de los que estamos aquí somos de pueblo, entonces traíamos árboles tropicales. Y como por arte de magia, al ellos crecer, empezaron a volver los animales”, recuerda.

Hoy las autoridades reconocen a este cerro –ubicado en plena comuna 10, que es la de peor calidad del aire y con menos zonas verdes de la ciudad- como uno de los más importantes por su contenido ambiental. En palabras de Víctor Piedrahíta, subdirector de Planeación del Área Metropolitana, “es un área protegida vital para la ciudad, un cerro tutelar que además es reserva natural”.

Los números de la autoridad ambiental y de la Secretaría de Medio Ambiente hablan por sí solos: en el cerro hay más de 12.800 árboles, incluyendo cedros, guayacanes, yarumos y hasta palmas de cera; además de 40 especies de aves que se pueden apreciar en los 7,5 kilómetros de senderos ecológicos.

El sitio da espacio a decenas de colegios que cada semana llevan a los alumnos a estudiar la fauna y la flora, a universitarios que adelantan proyectos de botánica, a deportistas que recorren el sitio en bicicleta o caminando, y a ciudadanos desprevenidos que van a ver el atardecer en un ambiente romántico.

Pero a pesar de su importancia, aún tiene pendiente un esquema de protección. Según Víctor Piedrahíta, el plan de manejo de áreas protegidas en el área metropolitana se venció en 2016 y aún se trabaja en su actualización.

“Lo que estamos haciendo es verificar qué especies son endémicas (propias) del cerro, para determinar cómo se pueden conservar mejor y definir qué actividades ambientales, culturales o educativas se pueden desarrollar ahí”, dijo.

El lío por la tala

En el bosque que limita con la vía Las Palmas, el Área Metropolitana autorizó a finales de 2016 la tala de 224 árboles para construir una unidad que, paradójicamente, se llamará Tierra Grata Bosque Santo.
Los vecinos como Elizabeth pusieron el grito en el cielo -y las cartas en las oficinas de la autoridad ambiental- para frenar la decisión, pero no les hicieron caso.

En su momento la subdirectora ambiental del Área dijo que el permiso era para talar árboles pequeños -diámetro menor a 10 centímetros- y que para entregarlo comprometieron a la constructora a que debe trasplantar un árbol grande, conservar otros 1.081 de la zona vecina y sembrar 829 nuevos.

Víctor Piedrahita le dijo a CENTRÓPOLIS que esa licencia de aprovechamiento se entregó porque la zona donde se hace la tala no está incluida dentro del área protegida.

Sobre los nuevos árboles, agregó que la constructora deberá presentar un plan detallado de dónde, cuándo y cómo los va a sembrar.

Un vecino de la zona, que pidió reserva de identidad por temor a demandas, contó que el proyecto residencial está parado por falta de una licencia y que los compradores estaban molestos. “El permiso que buscan necesita más talas y con nosotros se comprometieron a que eso no pasaría”, dijo.

La constructora, en una de sus redes sociales, le contestó a un cliente en febrero pasado que “el proyecto ha tenido un retraso de más de dos años por la falta de un permiso de aprovechamiento forestal para la vía de acceso”.

La decisión final está en manos de las autoridades.


¿Dónde queda?

El cerro tiene 26,6 hectáreas que limitan con los barrios Las Palmas, Colón y San Diego en la comuna 10. Además de El Salvador y El Hormiguero, de la comuna 9.
Por el sur limita con la vía de acceso a Las Palmas, donde se construyó uno de los puentes más grandes de la ciudad.


 




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