La Universidad de Antioquia pondrá en venta el tradicional edificio ubicado en la Plazuela Nutibara. ¿Por qué lo harán? esto explicaron desde la institución.

Por: Valentina Herrera Cardona

El edificio Antioquia o edificio La Naviera, ese que desde su arquitectura evoca las formas de navegar, ya no dedicará sus espacios a la formación de universitarios de la ciudad como lo venía haciendo desde el 2007, cuando fue entregado a la Universidad de Antioquia como parte del pago de una deuda que tenía la administración departamental con esta entidad.

La institución, dentro de sus planes para consolidar ciertos espacios que hoy ocupa en el centro de la ciudad, decidió poner en venta el edificio junto con otros inmuebles, para obtener recursos que le permitan financiar sus necesidades actuales y los proyectos futuros.

La Universidad de Antioquia decidió poner en venta varias de sus propiedades, entre ellas, el edificio La Naviera.

Carlos Guisao, director de comunicaciones de la Universidad de Antioquia, contó que desde que la institución recibió el edificio ha tenido operando allí programas de diferentes áreas académicas, pero los que más permanecieron fueron la Facultad de Medicina, que usó los salones cuando la sede propia la estaban interviniendo y la Facultad de Artes, pues allí los estudiantes de Artes Plásticas presentaron en varias ocasiones sus trabajos de grado. También, en los últimos semestres, se ofrecieron allí los programas de educación flexible y de extensión.

Pero esta actividad constante y variada ha finalizado. Según Guisao, los últimos programas que funcionaron pasarán a ser ofertados en el edificio San Ignacio, o Paraninfo, ubicado también en el centro. “Hace un mes se llevó a cabo una sesión del consejo superior universitario, donde se socializó y aprobó la propuesta de vender algunos inmuebles, los cuales no están claramente articulados con su proceso de desarrollo físico – espacial, el caso del edificio La Naviera fue uno de estos”, explicó.

Esta decisión obedeció a que la universidad ya viene fortaleciendo una presencia más estratégica en algunos núcleos del centro de la ciudad, en espacios como el edificio San Ignacio, la Escuela de Derecho y la Casa del Bachillerato, recién restaurada. “Lo que está haciendo la universidad es consolidando esos espacios, en los que han invertido en materia de recuperación y restauración, por lo que debe desprenderse de otros que ya no está usando”, añadió.

Hoy se avanza en el proceso de avalúo para determinar el precio de venta final, todo esto enmarcado en la ruta de cómo debe ser la venta teniendo en cuenta las características patrimoniales de esta estructura. Ante esto, Guisao comentó que se trata de un proceso demorado y dispendioso que deberá pasar y cumplir varias etapas administrativas, por lo que aún falta para saber quiénes podrían ser los opcionados para comprarlo. Inicialmente será ofertado a entidades de carácter público, no necesariamente con vocación educativa.

El barco sin capitán

Pilar Velilla, gerente del centro, indicó que desde su dependencia se asegurará de que por ningún motivo el edificio se pierda o se vea afectado, pues su declaratoria como patrimonio arquitectónico lo protege, y que el uso que se le dé sea el más adecuado para conservarlo y que además sea sostenible.

La Naviera no se puede leer como una obra arquitectónica aislada, sino como parte de un proyecto urbano de la Plazuela Nutibara.

Y es que el edificio La Naviera, cuya construcción finalizó en 1946, fue sede de una de las empresas navegación a vapor más importante del país y luego albergó las Rentas Departamentales, hasta quedar abandonado y ser entregado a la universidad.
Con su fachada en piedra bogotana y forma de proa, no solo es valioso por su antigüedad, sino por haber representado un cambio, una irrupción en la arquitectura de la Medellín de aquel entonces. Así lo planteó la arquitecta Mercedes Lucía Vélez White, en su libro Arquitectura Contemporánea de Medellín en el que escribió “Los arquitectos Vieira, Vásquez, Dothée hicieron a la ciudad una propuesta arquitectónica y urbana que avanzó por el camino de la modernidad, con rasgos sobriamente expresionistas. Los edificios que la firma construyó rompen con el letargo de la aldea y nos pusieron en diálogo con lo que por ese entonces ocurría en Europa”.

Una mirada que se complementa con la plasmada por el arquitecto Luis Fernando González en su texto “El edificio la Naviera y el modernismo arquitectónico en Medellín”, en el que indicó que “La Naviera no se puede leer como una obra aislada, sino como parte de un proyecto urbano relacionado, en primer lugar, con un grupo de obras arquitectónicas que, con promotores, arquitectos y años de construcción diferentes, se desarrollaron alrededor del proyecto urbano de la Plazuela Nutibara, y en segundo lugar con una nueva concepción estética…”.

Pero esas características modernas y detalles como los ubicados en su puerta principal, que evocaban los mejores barcos a vapor que navegaron el río Magdalena, parecen haberse quedado solo en las fotografías de Francisco Mejía y Gabriel Carvajal, pues el caos, hollín y ruido de la avenida Primero de Mayo lo han cubierto hasta el punto de tumbarle sus letras de Edificio Antioquia.

Entre tanto, ese barco navegante, diseñado por los mismos que idearon el edificio La Bastilla, espera por un capitán que guíe su proa y que llene sus pasillos y ocho pisos rodeados por las curvas, para seguir irrumpiendo, como en el pasado, en la línea tradicional del centro.

Los edificios que los arquitectos Vieira, Vásquez, Dothée construyeron, rompen con el letargo de la aldea y nos pusieron en diálogo con lo que por ese entonces ocurría en Europa.