En la Placita de Flórez pueden encontrarse todo tipo de baños, riegos y plantas aromáticas para terminar y empezar bien el año. Foto: Por Juan David Verano

Por: Juan Moreno

En el mundo se conocen cerca de 28.000 plantas medicinales, más de 20.000 se dan silvestres en Colombia y de esos ejemplares, estoy seguro de que Marta Ligia Díaz conoce el 99.9%. Su maestría con el poder sanador de las plantas es ya una leyenda en la Placita de Flórez, donde lleva más de veinte años regentando dos locales de yerbas medicinales, aromáticas y para todos los buenos usos, ahí, en el segundo piso.

Al hablar con Ligia es inevitable que en la cabeza de uno retumbe la lírica de “El yerberito moderno”, ese cha cha chá que inmortalizó Celia Cruz hace más de 60 años. Ella dice que estudió “en la de Antioquia” y que el resto se lo aprendió a su esposo, que era botánico. Siempre se muestra segura de lo que dice, se nota que con el tema es como la mata, ruda.

Le pregunto por lo que la gente viene a buscar en diciembre para despedir / comenzar el año con buenas perspectivas, para atraer las buenas energías y garantizar prosperidad. Casi no me deja terminar la pregunta, seguramente cansada de contestar lo mismo.

“El riego con rompe saragüey, vencedora, cicuta, salvia, altamisa, verbena y tunda para limpiar el aura y un despojo amargo para sacar toda la mala energía. Se baña con eso tres días para atraer el amor y el dinero”. Ella me nota la cara de escepticismo y contraataca: “es un baño sagrado, no es brujería”. También hay un baño dulce con abrecaminos, desatrancadera, botón de oro, yerbabuena, albahaca, citronela y menta para endulzar la existencia. “Eso es por si el patrón lo mira feo o las amistades se voltean. Eso es porque usted tiene como mala energía”, dice mirándome fijamente.

Para el 31 de diciembre, Ligia dice que hay que armar el ramo de la abundancia con eucalipto, siempreviva, botón de oro, flor de ajo macho, ruda y albahaca. “Lo pone el 31 y lo deja secar, eso le dura todo el año”.

Nuevamente le pregunto por los “trabajos” para contrarrestar la brujería, que tanto pregonan por ahí. “Uno no se puede poner a creer en todo o darle la plata a los brujos. La gente vive sicosiada (sic) de que está salada o enterrada. Uno tiene que despojar la mente con oración para limpiarla”.

La gente la busca para que le baje el estrés y le ayude con el mal de amores. Ella les recomienda valeriana y tilo, yerbas para el baño de despojo, pero dice que uno se tiene que ayudar con buena actitud. Dice que con solo trapear con citronela ya hay buena energía en la casa.

¿Oíste y a uno sí lo enyerban?, le pregunto. “Avemaría papi. Cogen el periodo de la mujer y le echan unas gotas en cualquier líquido y usted queda enamorao. Todo el sueldo, pum, pa´ella. Y el hombre como un bobito. Pero usted, papi, no se ve enyerbao”, me dice, entrecerrando los ojos.

Una mamá angustiada llega con un niño de unos 5 años. Dice que qué le echa para que se le quiten unos granos que tiene. “Paico y matarratón”, sentencia Ligia de inmediato. También despacha limoncillo y manzanilla para un cliente que tiene un sauna.

Tijeras, cuchillo y machete son manejados por Liga con maestría absoluta para partir gajos, manojos y ramas, mientras una mujer, angustiada por un brote que tiene en la cara, la consulta, tímida, buscando solución a su problema. En eso, otras dos clientas hablan de las bondades del romero para evitar la caída del cabello.

Ligia sigue recomendando baños, infusiones y batidos con yerbas, vinagres y encimándole alguna cosita a cada comprador. Va todos los días de 6 de la mañana a 5 de la tarde y en diciembre no tiene arrimadero. Prácticamente está allá…de planta.