En la última década el centro ha dejado de ser un espacio imposible de transitar para las personas con discapacidades físicas. Hace años movilizarse solos por esta zona era una odisea, hoy esta es la realidad.

Por: Valentina Castaño

Entre los miles de pies apurados, que buscan espacio sobre las aceras del centro de Medellín, las ruedas llaman la atención de inmediato.

Cualquiera que haya caminado por estas calles irregulares, aceras mal ocupadas y entre los afanes de los transeúntes, puede suponer el reto que implica para quienes tienen movilidad reducida llegar a este sitio. Pues bueno, la verdad, hoy el panorama es diferente.

“Yo vivo en Manrique Central, me vengo rodando por toda la vía del Metroplús hasta el tranvía, y ya en este voy hasta la estación San Antonio”, opina Andrea Ramírez Ocampo, una joven, linda y trabajadora que lleva doce años con una lesión que la dejó en silla de ruedas.

A su lado, Héctor Morales cuenta que para él ya son 28 los años de andar sentado. “Me bajo desde Moravia hasta el centro rodando. A uno le toca aprender a salir solo, moverse por los obstáculos y perder el miedo, porque si no se enloquece encerrado en la casa todo el tiempo. Afortunadamente la ciudad ya tiene muchas facilidades. El Metro, los buses, todos están adaptados” para personas con movilidad reducida, indica Morales. Él y Andrea comparten un puesto de chance en el Parque Berrío, allí llegan por su cuenta a trabajar todos los días sin mayor inconveniente, y se van a sus casas al terminar la jornada igual que como llegaron, solos.

Según los indicadores básicos publicados por la Alcaldía de Medellín en el 2015, en la ciudad residen más de 58 mil personas con algún tipo de discapacidad, de las cuales casi el 40% son discapacidades que interfieren con la movilidad.

Hace unas décadas, la población con discapacidades físicas o sensoriales representaba una minoría que era invisible para el espacio público de la ciudad. No había reglamentación para el acondicionamiento de estructuras en pro de las personas con impedimentos. La libertad y la autonomía en las calles eran no más que un sueño para aquellos que necesitaban desplazarse en una silla de ruedas.

Luis Eduardo García, quien tiene 52 años, es vendedor de minutos y golosinas y sus pies están atados al descansapies de su silla de ruedas, por unos velcros que él mismo mandó a instalar para poder andar rápido sin que las piernas le colgaran. “Recién tuve la lesión, hace dieciséis años, tenía que venir cada mes al centro a cobrar la pensión. En ese tiempo vivía en Aranjuez, me tocaba coger taxi y venir acompañado porque no habían buses adaptados, ni Metroplus o estaciones del Metro accesibles, nada de eso”, cuenta García.

“Ya sí se puede salir al centro, eso sí, sin temor y con mucha confianza, ojalá que acompañado las primeras veces mientras se aprende bien,” Expresa Luis Eduardo, ciudadano en situación de discapacidad.

Quien padece de una discapacidad física o es cercano a alguien que la tiene, sabe bien que lo más importante para aquellos en esta condición es dejarla atrás rápido, continuar su vida de la manera más normal posible, conviviendo con la discapacidad pero luchando para que esta no sea la que determine su manera de vida. Para esto es vital la autonomía, posibilidad que es difícil de tener cuando la ciudad no proporciona espacios públicos pensados para todos y no solo para la mayoría. “No es fácil pasar de ser completamente independiente a requerir asistencia permanente, de hecho esta es una de las principales causas de depresión y aislamiento entre quienes pierden alguna de sus habilidades motoras o sensoriales”, afirma Carolina Marín Granada, especialista en psicología clínica.

Afortunadamente, con el crecimiento demográfico de Medellín, la necesidad de una mejora se fue haciendo obvia. Si bien al comienzo del nuevo siglo, la ciudad aún no tenía presente a este grupo de individuos, los avances que se han logrado en cuanto a accesibilidad, reglamentación y sensibilización, hasta la fecha, han sido contundentes.

En Medellín, el Metro consolidó en 2016 su Plan Maestro de Accesibilidad Universal, en el cual se invirtieron 340 millones de pesos en corregir las barreras arquitectónicas que quedaron tras su inauguración en 1995, donde no se tenía una reglamentación que tuviera en cuenta las discapacidades. Además, se capacitaron más de 700 funcionarios para la atención de personas con necesidades especiales.

Este plan tuvo repercusión directa en La Candelaria, debido a que solo dentro de la comuna 10 existen cinco estaciones de la línea A del Metro, una de la línea B, cuatro estaciones a la línea 1 del Metroplus, cinco paradas a la línea 2 y tres estaciones a la línea T-A del tranvía. Esto ha permitido que las personas discapacitadas tengan múltiples opciones de desplazamiento dentro del área y que no sea más un problema desplazarse de un lado de la Avenida Oriental al otro.

Por otro lado la Alcaldía de Medellín, en el plan de desarrollo 2016-2019, incluyó el programa “Ser capaz: inclusión social de personas con discapacidad”, el cual fue encargado a la Secretaría de Inclusión Social para su puesta en práctica. Con este se busca fortalecer el sistema de seguimiento y evaluación de la Política Pública de Discapacidad, el seguimiento estricto del Plan Municipal de Discapacidad, la orientación a esta población incluyendo a sus familiares o cuidadores, el fortalecimiento institucional para las garantías de estas personas, entre otros puntos enfocados a proporcionar autonomía y velar por sus derechos. Gracias a él las quejas en cuanto al ancho de los andenes o los innumerables baches que hay en el centro son atendidas de forma más estricta.

Hoy, los frutos de un trabajo constante se evidencian en algunos de los testimonios de quienes recorren la vida sobre ruedas. Y aunque todavía falta mucho para ser un territorio 100% accesible, algunos ciudadanos concuerdan en que la mejoría es buena y progresiva.

En las grandes urbes, la accesibilidad había dejado de ser problema mucho antes del año 2000. Medellín va en buen camino.

“Yo le cogí el tiro a la silla, ya la gente hasta me dice que cómo ando tan rápido en esto, es de práctica, de perderle el miedo. Sí hay muchos obstáculos todavía, pero yo pico la silla y los paso con las llantas de atrás, normalmente son cosas pequeñas. La ciudad ha cambiado mucho, todos los días mejora, todo lo van ampliando, las rampas y andenes son más anchos y cómodos, el transporte es bueno. Yo me muevo en el tranvía y el alimentador me sube hasta la casa, imagínese. Ya sí se puede salir al centro, eso sí, sin temor y con mucha confianza, ojalá que acompañado las primeras veces mientras se aprende bien,” concluye Luis Eduardo García.