Mientras el corazón de Medellín se mueve incansablemente, esta estatua humana permanece inmóvil testigo de su potente palpitar. Él es Harlinton Arrieta y esta es la historia de su particular trabajo.

Por: María Isabel Arbeláez Pérez

• Él es Harlinton. Todas las mañanas se levanta a las 5:00 a.m. para hacer sus quehaceres y después llegar a su sitio de trabajo: La Avenida la Playa con la Oriental. Cuando está representando su personaje resulta imposible calcularle sus apenas 32 años de edad.

• Con un espejo diminuto, en el que no cabe la grandeza de su talento, ve su reflejo cubrirse poco a poco con pintura especial que él mismo prepara. Tarda aproximadamente 30 minutos en transformarse: aceite de almendras, pintura negra especial en manos, pies y cara, vestimenta, y finalmente, ¡al podio!

• Viajó desde Barranquilla, su ciudad natal, hacia Medellín hace 10 años y desde entonces le da su aporte cultural al centro. Con su hacha, su característica ropa, y cubierto de maquillaje, personifica a un minero. Allí sobre su pedestal permanece más de 10 horas diarias a la espera de una moneda que active sus movimientos.

• Para él lo más gratificante de su trabajo es ver la sonrisa de los niños cuando se detienen a mirarlo. Reconoce que su personaje puede atemorizar a muchos, por esto en repetidas ocasiones decide hablarles o sonreírles para que no teman y disfruten de su arte.

• A diario gana en promedio $24.000 pesos. Con esto asegura que le alcanza para cubrir sus necesidades, entre ellas el pago de su habitación. A veces, en los días “muy buenos” recibe un poco más de dinero y ese excedente lo guarda para sus ahorros.

• El reloj marca las 6:30 p.m. y mientras el centro comienza a deshabitarse y el cielo a oscurecer, esta estatua humana se apaga para convertirse nuevamente en Harlinton. Con agua jabonosa y mucha paciencia se borra las marcas del trabajo que quedan en su piel. “Mañana será un nuevo día” concluye y sonríe.