jueves, diciembre 14, 2017
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En San Benito indigencia sigue ganando terreno

Fétido olor de heces y orina en el espacio público, ollas de vicio y constante presencia de habitantes de calle, estarían cocinando un pequeño Bronx en nuestra comuna, el cual urge desactivar cuanto antes.

Por: Alexander Barajas

Cuando uno sigue las caprichosas curvas que hace la Avenida de Greiff luego de Cundinamarca, camino a la Minorista, la hediondez avisa que se está cerca de la Placita de Zea, otrora emblema del ya perdido San Benito señorial, que hace menos de tres décadas todavía atraía a comerciantes y nuevas familias.

Para ser sinceros, al sector siguen llegando habitantes, pero estos sin sueños de progreso y sumidos en el difícil laberinto de la drogadicción, la enajenación mental o la delincuencia. A veces las tres juntas.

Por esta zona pasan cada día decenas de los 3.600 habitantes de calle que calcula la Secretaría de Inclusión Social existen en la ciudad y varios de los cerca de 20 mil medellinenses considerados en situación de calle (subsisten en el espacio público, pero no pernoctan a la intemperie). Unos y otros encuentran en su momento, en estas aceras, la redención y el pecado, la oficialidad y la delincuencia, tan cerca una de otra.

Con pocas cuadras de diferencia operan los dos Centro Día creados para atenderles. Pero también hay por lo menos dos grandes ollas de microtráfico a la luz pública, entre las calles 54 y 56. Una, muy mal camuflada tras una tela verde de construcción que no separa ninguna obra. La otra está en los costados de dos edificios de entidades públicas (la institución educativa San Benito y el COM Centro de EPM), donde con descaro se cambian dosis de vicio por plata. Los jíbaros cuentan abiertamente sus abultados fajos de sucios billetes, mientras los estudiantes y vecinos observan acostumbrados la situación.

A unos pasos funciona una estación de servicio a la que llegan a diario uniformados de la policía y el ejército a surtir de gasolina sus vehículos oficiales. No faltan entre ellos quienes miren divertidos el grotesco espectáculo mientras llenan los tanques.

Ahora les llama la atención un hombre sucio con un cono naranja del tránsito en la cabeza y lo que parece un machete oxidado en una mano. No opone resistencia cuando se lo quitan. Terminan de tanquear y se van.

Conviviendo con el caos

Los que no pueden irse son los comerciantes y los residentes. John Jairo atiende su almacén de colchones y muebles, el mismo del que vive su familia desde hace 15 años. Curiosamente, no se queja mucho de “los indigentes, porque no son agresivos, solo quieren su droga y se tiran en la manga. Afean, pero ya nos acostumbramos y los clientes también”.

En cambio sí lo tienen muy contrariado los operativos de Espacio Público, de los que dice arreciaron en las últimas semanas. “Se me llevaron dos colchones por estar en la acera, sin obstaculizar el paso, pero a los viciosos que se echan en el piso y obligan a la gente a bajarse al pavimento, no les dicen nada”.

Con tozudez subsisten e incluso prosperan negocios de todo tipo a lado y lado de esa triste horda desarrapada: talleres, retacerías, litografías, vidrierías, restaurantes, bares, cafeterías, hasta fábricas de ataúdes y una de arepas. Precisamente esa es la que prefiere Nelly para conseguir las del desayuno.

Ella es una de las residentes tradicionales de San Benito y su Avenida de Greiff. Hace 25 años compró un apartamento de 105 metros del que está orgullosa, pero que por la buena salud propia y la de sus tres jóvenes hijas ha tratado de vender. “Por esta situación lo quieren regalado y tampoco. Es injusto que paguemos como estrato 3 cuando en realidad no alcanzamos ni al 1 con esos vecinos”.

Su unidad de 37 apartamentos y 8 locales es cerrada y cuenta con vigilancia después de las 9 de la noche, hora en la que no es recomendable caminar por allí (“cómo si hubiera hora buena”). Después de la reja hay un alero generoso y al celador se le va el turno espantando personal que quiere aprovechar ese techo y la acera nueva que dejó Centro Parrilla.
“Me da tristeza tener que salir del barrio porque me gusta mucho; es muy central y todo me queda cerquita. Voy caminando al Hueco, a la Oriental, a la Minorista que es la tienda mía. Voy allá casi día por medio y compro todo fresco”, dice Nelly soltando un suspiro.


Esfuerzos insuficientes

Luis Bernardo Vélez, secretario de Inclusión, reconoce que el problema tiende a complicarse por la droga, la violencia intrafamiliar y el desplazamiento intraurbano. No obstante, su despacho, con $25 mil millones de presupuesto anual para esta población y 120 funcionarios a su servicio en 15 centros de atención dentro del programa Somos Gente, sigue dando la pelea. “No está prohibido vivir en la calle; salir de la adicción o superar problemas mentales es un proceso voluntario, incierto y largo”. En La Candelaria, aparte de los dos Centro Día que reciben 1.500 personas por jornada, funcionan dos dormitorios para 360 abuelos de calle, convenios con cuatro hoteles en Guayaquil para quienes aceptan empezar su recuperación en las dos granjas destinadas para ello en San Cristóbal, un centro de formación en el barrio Prado, un albergue en Juanambú para enfermos de tuberculosis y otro en Corazón de Jesús para personas con discapacidad cognitiva severa.


“Si acabaran con las ollas de vicio, los habitantes de calle no tendrían por qué mantenerse por acá”, dicen vecinos.
La Secretaría de Inclusión Social pide no dar limosnas, porque ese dinero alimenta el microtráfico. “Mejor que se acerquen a nuestra oferta de atención integral”.

Comerciantes y vecinos demandan mayor presencia de la autoridad, con decisión y continuidad en los operativos para acabar con el microtráfico.




2 comentarios en “En San Benito indigencia sigue ganando terreno

  1. Colombia resistente, medellin resiliente, depues de una época de guerra y sangre, una época de dezplazamiento forzado, de abandono, quedan las ciatrizes y huellas de aquel pasado.

    habitantes de calle con historias de vida humanas, seres de talentos , seres de aspiraciones , controlados por un demonio gentil, la droga, una sustancia psicoactiva que da la sensacion de éxtasis, sea cual sea la forma , es la respuesta para los que preguntan el porque de habitar en la calle , la soledad , hace quince años en las épocas del 2001, 2002 hubo algo, hubo una población perdida en las ciudades, jóvenes que empezaron con perico por parte de los combos y terminaron con la bazuca por parte de la ansiedad.
    hace quince años,muchos hombres y mujeres conocieron las calles y se quedaron en ellas,despues de una epoca de alto narcotrafico,empieza la caída del cisne.
    escuchemos al habitante de calle, comprendamos , orientemos, sensibilizaremos y luchemos por la dignidad. una dignidad de la no violencia y de la no indigencia.

    un abrazo

    1. #WeiderArlex. Si tan solo ubieran mas personas con tu pensamiento,esto seria totalmente distinto. Muchos de los transeuntes de estos lugares se dedican a señalar, lanzar criticas y menospreciar estas personas. Nadie esta libre de caer en este tunel vicioso, se de algunos con los que he tenido el placer de hablar, que quieren salir, que lo intentan, pero a la final la revancha la gana este vicio. Muchas de esas personas son mas humanas que las personas en otras condiciones.

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