miércoles, noviembre 22, 2017
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Indígenas estudian como los kapunías

Con 72 niños y 24 adultos pertenecientes a la comunidad emberá chamí empezó a finales de marzo, en nuestra comuna, la primera experiencia de educación indígena en áreas urbanas que se conozca en Colombia.

Por Alexander Barajas Maldonado

Lo que inició como una respuesta del gobierno municipal a una denuncia periodística, que desembocó luego en un debate en el Concejo de Medellín, es hoy una experiencia en construcción que ha suscitado el interés de buena parte del mundo académico del país. A raíz de las condiciones de abandono en que viven decenas de indígenas llegados a la capital antioqueña por desplazamiento forzado, varias dependencias oficiales volcaron su atención a estos colombianos dotados con una visión del mundo y una lengua propios, dignos de reconocimiento y respeto.

Este enfoque llevó a que despachos como la Secretaría de Inclusión Social, Secretaría de Educación, Secretaría de Salud y el Inder Medellín articularan una intervención integral cuya meta es garantizarle a esta población el acceso a la educación pública con una visión incluyente en lo cultural. En esta tarea, los entes oficiales se han apoyado en otros actores como la Organización Indígena de Antioquia (OIA) y la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia, en especial, en su licenciatura en Pedagogía de la Madre Tierra, programa que cuenta con registro calificado desde 2011.

Educación incluyente

“Creo que nos buscaron por dos motivos principales: esta población se asentó en nuestra jurisdicción, principalmente en el sector de Niquitao, en los inquilinatos de lo que conocemos como barrios San Lorenzo, Palmas, San Diego o Cristóbal Colón; y segundo porque nosotros tenemos la institución educativa más comprometida en la ciudad con un modelo de educación incluyente, que acoge poblaciones especiales y diversas”, explicó el director del Núcleo Educativo 928 La Candelaria, Geovany Metaute Correa.

El directivo hace referencia a la I. E. Héctor Abad Gómez, uno de los seis establecimientos oficiales que en la Comuna 10 brindan educación desde preescolar hasta grado 11. Su compromiso institucional de acoger a todos los niños, jóvenes y adultos que quieran completar su educación básica, sin importar antecedentes académicos ni de comportamiento, se trata de una impronta reforzada desde el arribo del sociólogo Elkin Osorio Velásquez a la rectoría, en 2013.

“Nos plantearon esta nueva experiencia que nos pareció un reto fascinante, pero le dijimos al Secretario de Educación que nos le medíamos con dos condiciones: que se contrataran docentes indígenas y que se formara una mesa de trabajo interdisciplinaria para hacerle seguimiento, acompañamiento y apoyo a este proceso”, recordó Osorio. Su insistencia en estos puntos ha permitido estructurar este proyecto único en el país, que bien reconoce “todavía estamos construyendo entre todos, aprendiendo entre todos”.

Ajustes, retos y anécdotas

En febrero comenzó la búsqueda de los primeros tres docentes indígenas emberá, quienes firmaron sus contratos unos días antes de Semana Santa. Los escogidos fueron los licenciados Luis Jerónimo Tascón, Argelia Tascón y Berta Vélez Panchi, los dos primeros egresados del programa Madre Tierra de la U de A, mientras que la última se tituló en educación preescolar en el Tecnológico de Antioquia.

Ellos, desde finales de marzo y con ayuda de la mesa de trabajo ya mencionada, empezaron a construir este proceso que es pionero en varios aspectos. “Hemos tenido experiencia en educación indígena, con nuestra lengua y en el marco de nuestra cultura, pero siempre en nuestras comunidades ancestrales y no fuera de ellas, por eso esto ha sido un reto grande para los niños, sus papás, el colegio, los otros profesores y nosotros mismos”, señaló Jerónimo Tascón, quien tiene a cargo el grupo de aceleración para 23 niños emberá de 9 a 15 años, al igual que otro grupo de 24 adultos y jóvenes emberá (padres o familiares de los niños) que también fueron invitados a completar su educación básica bajo este modelo flexible e incluyente.

Choques culturales

Del choque cultural inicial todavía quedan curiosos episodios. Los niños indígenas no conocen de horarios y normas “occidentales”, por eso al comienzo fue dispar la convivencia con los profesores y alumnos “kapunías” o blancos del resto de la jornada. Se ha encontrado a niños emberás bañándose y lavando sus ropas en los lavamanos, o empozando el agua lluvia con plásticos en los desagües para lo mismo y para jugar. “Eso demuestra que tratan de replicar aquí lo que es su modo de vida en la comunidad ancestral; que tienen viva nuestra cultura en ellos”, reconoció la profesora Argelia Tascón, quien no deja de reconocer inconvenientes.

“Yo estoy acostumbrada a dar clases en un tambo, sin paredes y sin el ruido de los carros. También nos hace falta la presencia de nuestras estructuras de autoridad como los cabildos para apoyarnos, como aquí no existen, los niños y los padres son dispersos, no reconocen normas tan fácilmente y tenemos que encarrilarnos en esta realidad urbana. Pero los niños disfrutan estar aquí y se ve que quieren aprender”, agregó.

El trato y los juegos entre los niños indígenas suele ser brusco, aunque no mal intencionado. También se han presentado desencuentros por el ruido en clase y fuera de ella, la higiene personal (sobre todo por parásitos en el cuero cabelludo) y el poco respeto por los espacios de las otras clases y alumnos. “Tenemos que trabajar mucho porque los niños están en un entorno nuevo, se están adaptando, y el entorno también tiene que hacer lo mismo. Yo tengo a los más pequeños y aparte de ser su primera experiencia lejos de sus padres también es la primera vez que van a clases”, destacó Berta Vélez.

Mientras se construye un plan de estudios más sólido y pertinente en la mesa de trabajo convocada a instancias del rector Osorio, los 72 niños emberá de esta experiencia piloto son atendidos en el centro educativo Darío Londoño (antes San Lorenzo), que es la sede de la I. E. Héctor Abad en Niquitao, ubicada sobre San Juan, apenas tres cuadras arriba de la Avenida Oriental. Estos estudiantes más que especiales, siguen asistiendo allí con una aceptable constancia, de lunes a viernes, en jornada única. Reciben clases en emberá de 8 de la mañana a 12 del día, luego el almuerzo en las mismas instalaciones, y de 2 a 4 de la tarde disfrutan de actividades culturales, recreativas y deportivas facilitadas por la Secretaría de Inclusión Social y el Inder Medellín.

Exitosa educación incluyente

Si bien es todavía temprano para valorar el impacto de su experiencia piloto con la población emberá, la I. E. Héctor Abad Gómez ya ha mostrado grandes resultados en su propuesta educativa de inclusión para otras poblaciones. Cuenta con 2.600 estudiantes, distribuidos así: 400 en la sede Darío Londoño, 400 en “la nocturna”, 1.000 en la jornada de la mañana y 800 en la de la tarde. Muchos de ellos no fueron recibidos en otros colegios por mal comportamiento, bajo rendimiento o por “extra-edad”. 64 alumnos presentan alguna discapacidad física o cognitiva. Pese a trabajar con estudiantes que otros colegios descartan, esta I.E. fue reconocida a comienzos de abril por el Ministerio de Educación como uno de los 22 establecimientos educativos oficiales de Medellín (de un total de 226) que mejoraron significativamente sus indicadores de calidad en el último año.




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