“Con la difusión del veganismo, Govindas se ha adaptado y ofrece opciones en las que se evitan todo tipo de lácteos o algún derivado animal, por insignificante que sea”

Hace 30 años el vegetarianismo era poco menos que una ciencia oculta en una región como la nuestra, acostumbrada a una alimentación soportada en el ganado de engorde y levante. Y más raros todavía, en un departamento como el nuestro, tradicionalmente católico, apostólico y romano, eran los devotos del vaisnavismo gaudía, una rama del hinduismo que aquí conocemos coloquialmente como “Hare Krishna”, por el mantra que sus seguidores suelen recitar en voz alta.

Entre sus preceptos está el de seguir una dieta lactovegetariana, esto quiere decir que se abstienen de consumir todo tipo de carne animal, pescado y huevo incluidos. Tampoco le jalan a las bebidas embriagantes y/o estimulantes, como el té y el café. Pensando en estos requerimientos tan especiales, nació Govindas (El controlador de los sentidos) en 1988.

Baladeva Das (Sirviente de las fuerzas celestiales) y quién hasta hace 18 años se llamaba Roberto Quiroz, administra el restaurante, que está ubicado en el segundo piso del Centro Cultural Govindas, a un costado del templo de La Veracruz, sobre la calle Boyacá.

No importa el credo que profesen sus clientes. Allí no son fanáticos ni fundamentalistas.

Es un lugar que evoca perfectamente a un sitio de Calcuta, Bombay o Nueva Delhi. Su decoración es una amalgama de arte hindú y avisos de actividades espirituales, eventos de grupos animalistas, veganos y ambientalistas. En sus instalaciones funciona también una tienda de vestuario, literatura y diferentes objetos del subcontinente indio, y la oficina de inscripciones a las clases de yoga o a la nutrida programación del centro cultural. Es un lugar de frecuentes reuniones de diversos colectivos.

Baladeva cuenta que Govindas comenzó vendiendo un promedio de ocho almuerzos al día. Hoy, después de haber pasado por Santa Elena, El Poblado y Prado Centro, ha crecido hasta formar un robusto grupo de “amigos”, como llama él a los comensales. Son amigos, porque no todos son devotos, es gente a la que le gusta la alimentación vegetariana y vegana, abrazan y profesan filosofías afines o simplemente quieren tener una experiencia que los saque del “corrientazo” típico.
“Un aspecto que diferencia los alimentos que se sirven en Govindas es que tienen un proceso que se llama Prasada (misericordia), esto es, que mediante una ceremonia diaria oficiada por un sacerdote krishna, son ofrecidos previamente a Dios. Todo lo que te comes aquí primero va al altar para liberarnos de la acción y la reacción. Según el Baghavad Gita (texto sagrado hindú), todo debe ser ofrecido al ser supremo para no incurrir en el karma. Es una bendición”, dice Baladeva.

Govindas funciona bajo el sistema de bufet. La gente hace fila y sobre el samovar se exhiben los principales platos del menú, para que quienes no están familiarizados con los ingredientes o las presentaciones, los identifiquen fácilmente y agilicen el proceso de la compra. También tienen el correspondiente menú del día, explicado en un tablero escrito con tiza.

“Un aspecto que diferencia los alimentos que se sirven en Govindas, es que mediante una ceremonia diaria oficiada por un sacerdote krishna, son ofrecidos previamente a Dios”

“Tenemos una nueva administración, una mejor sazón, los platos incluso no son metálicos sino de loza, hay platos a la carta y abrimos de ocho de la mañana a seis y media de la tarde”, aclara Baladeva, quien le debe el éxito del restaurante al Prasada. “El Prasada tiene su efecto liberador, pese a estar en este sitio tan escondido somos muy conocidos. La gente viene, no solo del centro, también de otros barrios y hasta zonas periféricas a almorzar con nosotros. Ni siquiera saben por qué vienen. Es un conjunto de cosas lindas, no importa el credo que profesen, porque no somos ni fanáticos ni fundamentalistas.”

Según estimaciones, hay poco más de mil devotos activos de Krishna en la ciudad y unos tres mil iniciados

Para Baladeva, el centro es un punto de encuentro de la ciudad. “Aquí hay un millón de peatones diarios, tenemos clientes frecuentes y ocasionales que quieren comida saludable. La gente viene por el boca a boca y porque este lugar ha mejorado mucho, ya no es una zona deprimida, está llena de turistas y esto se va a poner maravilloso por todas las obras que están haciendo. Los extranjeros vienen mucho, porque en las grandes capitales hay un restaurante krishna que se llama Govindas”.

También recuerda que al principio fue difícil que los aceptaran. “Nos veían como bichos raros, como unos loquitos desadaptados cuando salíamos a cantar, pero esta es una nueva era, una era auspiciosa hacia lo espiritual, la compasión, el perdón, el saneamiento interno. Al buscar hacia adentro y volver a lo espiritual, al dar esa mirada a Oriente, nos han entendido”.

Como no practicantes de esta filosofía, es inevitable hacer un montón de preguntas sobre el aspecto filosófico que mueve a los krishna, qué piensan, qué buscan, cómo viven. Y la verdad es que no están tan alejados de lo que todos perseguimos: la tranquilidad, la paz espiritual, la armonía. Algunos bajo diferentes dioses, credos, religiones, otros se refugian en lo material, en los placeres terrenales, en fin. Pero finalmente a todos nos conquistan de alguna manera por el estómago, y Govindas tiene todo dispuesto para ello. Los granos, la pasta, las ensaladas las mezclas proteínicas, el jugo de borojó, la leche de cebada, la torta de zanahoria, en fin. Este es un tiquete a ese paraíso que todos buscamos, solo que a través del estómago, placer al que ningún Dios se rehúsa.