miércoles, noviembre 22, 2017
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Cultura que transforma el centro

Abrir las rejas a la gente y apropiarse del espacio público con programación artística y cultural es la exitosa apuesta que mantiene vigente al teatro Pablo Tobón Uribe.

Hace siete años el Teatro Pablo Tobón Uribe, patrimonio histórico de Medellín, atravesaba por su peor momento, tenía problemas con el muro de contención, con la tubería del alcantarillado, la electricidad, grandes humedades y un alto deterioro en su escenario. La inversión para su recuperación era muy grande y requería sumar esfuerzos para su renovación.

En ese momento la reja de acceso al teatro se mantenía cerrada, un vigilante se encargaba de la seguridad del sitio y una persona se dedicada toda su jornada a limpiar el excremento, los orines y la basura que aparecía en las afueras del lugar. El dinero que se invertía en estos rubros era un recurso con el que no contaban por lo que se convertía en deuda, además no lograban cambios duraderos en el aseo y la seguridad del lugar.

Con la ayuda de empresas privadas, de la Administración Municipal, el Concejo y algunos préstamos, el Pablo Tobón Uribe logró levantarse, pero consciente de que además de los daños físicos, el teatro generaba una sensación de encierro, abandono e inseguridad, sus directivos decidieron tomar un nuevo rumbo que convirtió el teatro en un centro cultural de puertas abiertas.
Desde ese momento el dinero invertido en aseo y seguridad se utilizó en programación cultural y abrir la reja resultó ser un truco mágico que llenó de gente el lugar.

El teatro, ahora renovado, rompió con la idea de cultura, pues mientras que la mayoría de teatros del centro trabajan bajo el concepto de Bellas Artes, ellos incluyeron las artes clásicas, las contemporáneas y experimentales.

“La gente cuando viene encuentra el espacio abierto, los habitantes de calle entran al sanitario del teatro, o a tomar agua, así como los vendedores ambulantes y transeúntes de la zona. Al principio hubo quién se robó las bombas del baño, los rollos del papel higiénico y cositas así, pero con el tiempo se han vuelto defensores y socios del teatro. Con decirte que hoy tengo habitantes de calle que vienen a las catas de vino y de café, a los conciertos y obras de arte, algo que nos encanta, son nuestros fieles usuarios”. Cuenta Sergio Restrepo, director del teatro.

Otros cambios

La renovación del teatro incluyó además la construcción de un café-teatro y la adecuación del hall como espacio de esparcimiento. Cada una de las piezas extraídas durante las obras fueron recicladas. Hoy en el lugar se pueden ver luces reparadas de 60 años de antigüedad, la máquina de cine de la cinemateca Subterráneo, mesas y puertas hechas con la madera del viejo escenario y dos hermosos pianos de cola en perfecto estado.

A la fecha los visitantes del teatro encuentran en este espacio clases de tango, yoga, aeróbicos, tardes de ajedrez, costurero, conferencias, diálogos, conciertos y obras, entre otras ofertas culturales.

El espacio público

Una de las transformaciones que más ha impactado es la posibilidad de disfrutar de la programación en el espacio público ubicado afuera del teatro.

La idea nació de “lunes de ciudad”, un experimento que comenzamos en el 2014 y que consistía en que los lunes de cada semana nos sentábamos en la calle a conversar y eso fue tomando forma, a eso se le sumó la experiencia con los Días de Playa celebrados desde noviembre de 2014 hasta enero de 2015”.

Con ese tipo de eventos la glorieta, frente al teatro, tomó tanta fuerza que fue bautizada como la Glorieta de la vida, un espacio que en palabras públicas del entonces alcalde Aníbal Gaviria, se le devolvía a la ciudadanía para su disfrute. Este hecho se mantuvo firme por ocho meses y medio, hasta que la Secretaría de Movilidad reclamó el espacio.

“Los argumentos nunca fueron sólidos para nosotros: Plan Parilla y el Tranvía de Ayacucho los cuales ya llevaban muchos meses de obras, entonces ¿Si no había pasado nada malo, por qué iba a pasar en ese momento? De todas formas, acatamos la orden y tras un proceso de negociación, hemos ido logrado pequeñísimos acuerdos, pero todavía no hemos logrado que este espacio sea un espacio público” expresó el director del Teatro Pablo Tobón Uribe. Ahora el teatro cuenta con permisos temporales, para Lunes de ciudad, Martes de conversación y eventos específicos, pero el deseo de su director, es recuperar la autorización pronunciada públicamente por el exalcalde algunos meses atrás.

Preocupación

A pesar de que la calle contigua al teatro fue construida para un tránsito liviano y lento, hoy es usada por vehículos pesados de transporte que están acabando con el muro de contención que divide el teatro de la quebrada Santa Elena, otra motivación de las directivas del teatro para gestionar la prohibición de circulación vehicular por esta zona “No vamos a descansar, esto no puede parar hasta que La Playa, desde La Toma, hasta el río, se convierta en un espacio público efectivo que la gente pueda disfrutar a cualquier hora que tenga un comercio digno, que los mejores cafés del país se tomen en La Playa, los mejores vinos, las mejores librerías, las mejores tiendas de diseñadores y la mejor conversación se encuentre aquí, dijo Sergio Restrepo.
El reto es ambicioso, teniendo en cuenta que la propuesta de convertir La Playa en espacio público vital del centro, ha rondado desde antes de que en Medellín fuera normal tener carros. Hace cerca de tres décadas, Joaquín Quintero y Jesús María Bravo diseñaron, costearon e investigaron el proyecto que pretendía peatonalizar la Av. y este fue aprobado para su construcción en 1983. En ese momento la ciudad esperaba expectante, pero la alegría duró poco, pues el alcalde de turno fue trasladado y su reemplazo decidió no realizar la obra.

El teatro consciente de las dificultes, avanza paso a paso. Por ahora su reto para el 2016 es recuperar para la gente la glorieta, la calle aledaña al teatro en la que se encuentran los parqueaderos y de ser posible extenderse un poco más hacia abajo.

De la crisis de hace menos de una década hoy solo queda el recuerdo, lo que parece evidenciar que apuestas como estas son el camino para lograr la interacción efectiva entre empresa y comunidad.

Hoy, en palabras de Sergio Restrepo “El teatro es auto sostenible, no solo porque genera recursos, sino porque estamos disminuyendo el mal ambiente del centro de la ciudad y aumentando el bueno, estamos arrancando conversaciones espontáneas, estamos sumando sonrisas, apostando color y generando indicadores muy bonitos. Además, hace muchos años no generamos pérdidas y hemos logrado pagar todas las deudas en las que nos hemos metido”.

El Teatro que fue inaugurado el 2 de agosto de 1967 y que ha invertido más de 7.000 millones de pesos en su renovación , nunca ha pensado en irse del centro, incluso está contemplando la posibilidad a mediano plazo de abrir una sala alterna en otro lugar del centro.




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