El aroma o la apariencia apetecibles no deben ser las únicas razones para dejarse tentar por un alimento preparado en la vía pública. Fíjese muy bien, porque se lleva a la boca mucho más de lo que está en el plato, la bolsa o el vaso.

Por: Alexander Barajas Maldonado

Una comida al aire libre puede no ser tan saludable como suena, sobre todo en el centro de Medellín. Basta recordar que el aire de nuestra comuna es uno de los más contaminados de la ciudad; al polvo y el esmog hay que sumarles las bacterias y hasta virus tosidos o estornudados por cientos de miles de visitantes del centro.

En muchos casos, solo una bolsa plástica (¿limpia o soplada por el vendedor?) o el rocío ocasional de agua (¿de dónde?) actúan como protección para un suculento mango o un trozo de sandía picados. La posibilidad de adquirir una enfermedad por alimentos contaminados es muchísimo más alta si estos fueron manipulados, preparados y exhibidos en un puesto de venta sobre la vía pública.

Y solamente hemos hablado de los riesgos que entraña el simple hecho de estar a la intemperie. Falta tener en cuenta otros factores que también contribuyen a una potencial amenaza a la salud de los consumidores de estas comidas. Luz Viviana Gómez, líder de proyectos de la Secretaría de Salud de Medellín, los conoce bien.

“Hay que fijarse en el vendedor, en las características del puesto, su ubicación, cómo se hace el almacenamiento de los ingredientes y las operaciones de limpieza”, recalcó esta profesional. Quien manipula los alimentos debe estar limpio, ojalá con el cabello recogido o cubierto, con delantal, tapabocas bien puesto y guantes. A la mano debe tener un suministro de agua limpia para asearse mientras manipula distintos elementos (hasta dinero).



oceros de las instancias oficiales consultadas agregaron que durante los eventos de ciudad -algunos de ellos realizados en el centro, como los alumbrados navideños-, se adelantan labores de vigilancia a todos los venteros de comidas preparadas que operan cerca de las atracciones principales.

En conjunto, gracias a estos operativos de control, en 2017 se impusieron sanciones decomisando y destruyendo más de cinco toneladas de alimentos, que por mala manipulación de quienes los preparaban y vendían, representaban riesgos para la salud de los medellinenses.