La palabra gentrificación no está reconocida por la Real Academia de la Lengua Española e incluso académicos y expertos difieren sobre su significado. Sin embargo, para habitantes de sectores del centro sus efectos negativos son indiscutibles. ¿Sabe de qué se trata este término? Le contamos.

Por: Víctor Vargas

“Desconocimiento, incertidumbre y temor” es lo que, para Juan Carlos Burgos, un profesional de la Universidad de Antioquia y habitante del barrio El Chagualo, viven él, su familia y 17 de sus vecinos en este barrio de la comuna 10, La Candelaria, es decir, el centro de la ciudad.

Temor porque su territorio es en la actualidad una jugosa tajada en los procesos de transformación urbana de la ciudad a partir del Plan de Ordenamiento Territorial y otras herramientas de planificación urbana como los Planes Parciales que, se supone, deben mejorar la ciudad, organizarla, renovarla, pero que para Burgos y su familia, resultan dejando víctimas en vez de beneficiarios.

Esta familia vive una historia en la que, tal vez en poco tiempo, deban vender su casa por un precio menor al real o uno mejor si se cuenta con suerte, pero con el que sin duda no podrán comprar una vivienda igual en el mismo territorio al que están vinculados, ni en otro lugar. Su casa será demolida al igual que la de sus vecinos y unos agentes privados, incluso con apoyo estatal, construirán allí nuevos desarrollos, residenciales o comerciales, de mayor, mucho mayor valor comercial.

Para muchos expertos ese proceso se denomina con una palabreja que para el común de la gente es extraña: gentrificación. Es más, hay diferencias entre lo que significa sobre la práctica.

El fenómeno de gentrificación implica que un sector o un barrio en decadencia, especialmente que cuenta con construcciones en altura, comienza a ser ocupado por otros sectores de mayor capacidad económica que los vuelven de moda y los vuelven almacenes, bares, casas de moda y ello termina por expulsar, por los costos, a los habitantes tradicionales, explicó el profesor Luis Fernando González, experto de la Escuela del Hábitat de la Universidad Nacional. “Eso no ha ocurrido en Medellín, lo que ocurre acá, y hay que llamarlo por su nombre, son procesos de expulsión, desalojo, renovación urbana”, dice el profesor.

Para el académico, ese es un uso extendido del término que no es justamente el más apropiado para los casos de Medellín.

Sin embargo, para Fernando Zapata, investigador urbano, politólogo de la Universidad de Antioquia e integrante de diferentes colectivos que trabajan por el derecho a la ciudad, Medellín y claro, su centro, viven procesos de gentrificación. Para él, este proceso “entendido no solamente como fenómeno que genera expulsión inmediata, sino que tiene unas etapas previas que, para el caso del centro, responden también a unos asuntos de deterioro intencionado del espacio para abaratar los costos y a partir de allí poder invertir con mayor facilidad”, señala.

Agrega que entiende la gentrificación no solo como una expresión por el “aburguesamiento” del espacio cuando se van los residentes tradicionales para ser reemplazados por otros de mayor capacidad económica y de consumo, sino lo que viene después de unas etapas previas que el desaparecido Laboratorio de Cartografía Urbana definió en 2013 como las fases de la gentrificación: abandono, estigmatización, especulación, encarecimiento, expulsión, comercialización. “Esas etapas están fuertemente ligadas al desinterés estatal, con gobiernos tan precarios que luego resultan legitimando la intervención pública posterior que facilita la intervención de los privados”.

Mi casa, la casa paterna

La casa ‘paterna’, como la llama Juan Carlos, está en un sector conocido como el Distrito de Innovación, el mismo donde está asentado Ruta N, referente arquitectónico y tecnológico de Medellín, además de símbolo de una urbe que se transformó o que mutó dejando atrás los años de la violencia para avanzar hacia el progreso del nivel de las ciudades más modernas del mundo.

En pocas palabras, Medellín tiene en sus planes ‘renovar’ este sector donde vive la familia Burgos, un territorio que a través de varias décadas se ha descuidado y deteriorado y construir allí una ‘nueva’, mejorada si se quiere, y más acorde con el desarrollo de la ‘ciudad.

Para la Administración Municipal, la renovación urbana busca generar nuevas formas de ocupación del territorio que no están de acuerdo al modelo. En ese sentido, la renovación se inspira “en la lógica, que donde ha habido proliferación de actividades u ocupaciones informarles, desarrollando grandes conglomerados económicos como bodegas, grandes superficies, elementos que ocupan grandes extensiones de suelo pero que no tributan nada a la ciudad, en términos de espacio público y dinámica urbana”, explica Nelson Darío Valderrama, arquitecto y líder de la Unidad de Instrumentos de Gestión de la Subdirección de Planeación Territorial y Estratégica de Ciudad del Departamento Administrativo de Planeación.

Pero, ¿cuál es la sensibilidad social de la idea de renovar la ciudad y cómo se protege a la gente antes que al espacio y al desarrollo?

Según Valderrama, es de esperarse que en la gestión urbana se presenten “dobles interpretaciones”. Agrega que la Administración nunca ha pretendido que todos los ciudadanos participantes de los procesos de renovación asuman de igual manera las situaciones. “Pero la situación no es provocada. La situación urbanística de estos territorios obedece a unas dinámicas ajenas tanto a la Municipalidad como los actores: la informalidad no la gobierna nadie”, explicó el funcionario. Agregó que la norma tiene múltiples opciones de ‘ganar’, de asumirse como propietario, poseedor, tenedor de un espacio en los procesos de renovación y el objetivo siempre será que los actores originales del territorio permanezcan en él.

Pero la posición de los propietarios se mantiene, es un proceso que vulnera. “Quienes, sin llamarnos líderes, hemos tenido más información, sabemos que el proceso de gentrificación en cuatro barrios, dos del centro y dos de la comuna 4, será muy grande porque acá ha ocurrido el primer proceso de gentrificación que es el abandono por la administración municipal: ha pululado la informalidad económica, la inseguridad y por ello serán gentrificados en el futuro de manera muy fuerte”, denuncia Burgos.

En su tesis de grado, ‘Redesarrollos Urbanos: de la figura del plan parcial a su aplicación. Sector del Chagualo en Medellín’, para optar al título de Magíster, el arquitecto Edins Burbano describió así lo que representa el barrio El Chagualo dentro de esos planes de hacer una mejor Medellín:

“La franja del río, y especialmente el sector del Chagualo, se perfila como la zona con mayor potencial de desarrollo urbano; entre otras cosas por poseer una configuración predial que facilita el englobe y desarrollo de terrenos, además de estar dentro del área de incidencia de importantes sistemas estructurantes y centralidades, cuya excelente disposición de infraestructura preestablecida no es más que el producto de su localización estratégica”. Esta es una definición que podría aplicar para otros sectores deprimidos de Medellín.

Burgos explicó que las leyes que rigen estos procesos les dice a los ciudadanos que sus propiedades están en una Unidad de Activación Urbanística (UAU), que ellos se pueden unir y renovar ese espacio. Pero ellos no tienen la capacidad económica para hacerlo, de hecho, las normas dicen que deben incluso asumir los costos de las vías. Que estos se pueden reunir y con la votación de una mayoría, del 51 %, tomar decisiones.

“Lo que hacen los inversionistas privados es influenciar a ese 51 % y así obligan al restante 49 % para que venda bajo sus condiciones, al final quedamos a la voluntad de las leyes de la oferta y la demanda. Es la gentrificación”, dice Burgos.

Gentrificación en la comuna 10

Estos son los sectores de la Comuna 10 que, según el Laboratorio de Cartografía, están bajo gentrificación

  • El Chagualo
  • Jesús Nazareno
  • Guayaquil
  • Sagrado Corazón
  • Boston
  • San Benito

Los objetivos de uso para estas zonas serían:

  • Construcción de edificios en altura
  • Centros comerciales y pasajes
  • Clúster estratégicas (como en El Chagualo y Sevilla para el Distrito de Innovación)