Recorrer, habitar, aprender: tres verbos que describen un proceso en el cual la ciudad se convierte en maestra. Conozca cómo a partir de recorridos pedagógicos, más de 600 jóvenes de Medellín se acercaron a las dinámicas del centro y de la ciudad.

Por: Vanessa Martínez Zuluaga

La exploración, los recorridos y las caminatas han sido la forma esencial para descubrir el mundo, de ir expandiendo los horizontes de la humanidad. Así ha sido desde los primeros tiempos del hombre y así continuará siendo, porque incluso en un mundo superpoblado y con avances tecnológicos que superan cualquier imaginario, explorar nuevos lugares e incluso revisitar algunos, con distintas perspectivas, seguirá siendo una actividad pertinente, oportuna y edificante.

En Medellín hay una cantidad considerable de iniciativas que realizan recorridos de ciudad. Los hay turísticos, ecológicos, con enfoque en los territorios. Están los de las miradas sociales y hay otros académicos. También existen colectivos culturales que se han dedicado a desentrañar las expresiones de la sociedad medellinense a punta de viajes a pie: Distrito Candelaria y Bajo la piel de Medellín son dos ejemplos claros de esto.

“Decía San Agustín: No se ama lo que no se conoce”

En 2014, con una ciudad expectante y un centro rico en diversidad y cultura empezó a pensarse un proyecto en el que “callejear” fue la premisa y hacerlo con un método el fin. La primera idea de lo que luego sería Medellín en la Cabeza se le escuchó a la entonces secretaria de la juventud, Valeria Mejía, cuando en un viaje a España conoció un proyecto en el cual los estudiantes podían aprobar una materia asistiendo a tantos conciertos, funciones de cine, exposiciones de museos, centros culturales u obras de teatro como pudieran. Así simplemente. La idea era consumir cultura para conseguir una nota académica.

“Con Medellín en la Cabeza se buscaba llegar más allá. Se trataba de llevar la calle a las aulas y, por otro lado, hacer de la propia ciudad un aula abierta, un escenario para la educación, un territorio expandido. El reto implicaba cambiar la idea de la calle como un lugar de miedo, de riesgo, de vagancia, para pensar que callejear -como luego sería el lema del proyecto- sí educa”, relata el periodista Julio César Orozco Ospina, en el texto “Llevar a Medellín en la cabeza”, un pequeño librito que repartían algunos chicos en el evento de cierre que se llevó a cabo durante el mes de noviembre en el insigne Teatro Pablo Tobón Uribe, institución aliada del proyecto.

“Hay que salir con preguntas, es la esencia de callejear. Preguntas sencillas, no se trata de preguntas de tesis de maestría, ni de formulación de marco teórico, preguntas tan simples como, por ejemplo, por qué un barrio se llama de tal forma”, dice Juan Carlos Posada.

Pero entonces, ¿qué es Medellín en la Cabeza? Básicamente nueve formas en las que jóvenes de 14 a 28 años pueden caminar la ciudad, a través de nueve rutas temáticas, cada una con un énfasis diferente, estas son: Territorios jóvenes nocturnos; ¿Tiene Medellín campesinos?; Equipamientos públicos para la ciudadanía; Haciendo memoria para construir futuro; Medellín en movimiento; Somos jóvenes, somos diversos; y la única ruta diseñada exclusivamente para recorrer un territorio: El centro.

697 jóvenes de distintas comunas caminaron el centro en una totalidad de 26 recorridos realizados en el marco de la ruta “El centro: un lugar para descubrir”, algunos ya transitaban este territorio y otros, con el rastro de un estigma heredado, empezaron a cambiar su opinión. ¿Qué hace especial este lugar y por qué existe una ruta diseñada exclusivamente para descubrirlo? Hay diversas respuestas desde el proyecto, todas resaltan la importancia patrimonial y cultural que tiene la comuna 10.

Además, La Candelaria cuenta con la oferta educativa más amplia de la ciudad, el grueso de las compañías de teatro y teatros de la ciudad habitan este sector e incluso, si se quiere hablar de movilidad, es la zona precisa dado que por condiciones geográficas deben atravesarla todos los buses del transporte público de la ciudad.

Al indagar cuál es el encanto especial que tiene el centro de Medellín y por qué incluso otras rutas temáticas también pasaban por esa aula abierta que es el centro, la respuesta de Juan Carlos Posada, coordinador operativo de Medellín en la Cabeza, siempre fue irrefutable: “El centro es el espacio público de toda la ciudad… lo podemos visitar para hablar de movilidad, también de cultura, de patrimonio, de vida nocturna e incluso de campesinos, por ejemplo, en las visitas que hicimos a la Placita de Flórez”.

Las anécdotas dan cuenta de una juventud interesada, más en vivir la experiencia que en sentarse a escuchar una larga charla al respecto. Una visita al Parque del Periodista, en la ruta “Haciendo memoria para construir futuro”, donde visitaban la escultura de Los niños de Villatina (que conmemora la masacre de nueve niños a manos de policías vestidos de civil), se convirtió también en un recorrido guiado, por la directora de la Academia Antioqueña de Historia. “Los chicos no podían creer que justo al lado de El Parque del Periodista quedara ubicada dicha academia, ella muy amable los invitó a pasar y ellos muy interesados no dejaron de hacer preguntas. La visita duró más de dos horas”, agregó Posada, quien destacó la capacidad de interacción de los jóvenes en el territorio.

Recorriendo el corazón de Medellín

En esta ruta la diversidad cultural, académica, comercial, histórica, patrimonial, arquitectónica y artística, la comuna 10 pudo ser reconocida por cientos de chicos que se inscribieron en los recorridos con enfoque en este territorio. “El centro de Medellín es la diversidad, es esa posibilidad de construir con el otro en medio de la diferencia. El centro es también la posibilidad de habitarlo y rehabitarlo de muchas maneras. Es un espacio que tiene su propia dinámica y su propia vida, lo que tenemos es que darle sentido y hacer que gente de toda la ciudad quiera venir y descubrirlo”, afirmó Juan Carlos Posada, arquitecto, callejero y coordinador operativo de Medellín en la Cabeza.

Callejear sí educa, sobre todo cuando se hace con método.

En el centro las rutas incluyeron a La Plaza de Botero, la Placita de Flórez, la Casa Barrientos, la Plazuela San de Ignacio, los Costureros de Boston, el Centro Colombo Americano, Comfama, el Edificio de la Cultura de la Cámara de Comercio, Niquitao, el Edificio Coltejer, el barrio Jesús Nazareno, la Casa Tres Patios, Casa Encuentro, el Teatro Pablo Tobón, el teatro El Trueque, ADIDA, El Museo Casa de la Memoria, las Torres de Marco Fidel, el Parque del Periodista, La Casa Centro Cultural, el Teatro Matacandelas, el Pequeño Teatro, la Avenida La Playa, el Banco de la República y una larga lista que podría seguir sin parar, porque como comenta Posada: “El centro es el espacio público de todos los ciudadanos de Medellín”.

Fotografías: Sergio González y Juan David Duque