El fin de semana del 24 de mayo se llevó a cabo uno de los eventos más grandes que ha visto el centro de Medellín en el último año. 

Por Valentina Castaño Marín

Timebag es un proyecto de arte contemporáneo que desarrolla curadurías de eventos culturales y artísticos en espacios no convencionales. El objetivo del colectivo organizador es encontrar sitios inusuales para el arte, que además vayan de la mano con la reflexión que se busca suscitar en cada edición.

Las temáticas este año fueron cultura, turismo e identidad, y las relaciones que estos tejen con la ciudad. La sede seleccionada fue el histórico Hotel Nutibara en el centro de Medellín.

Timebag no solo se ha realizado en Medellín. Bogotá, Miami y Nueva York han sido también sedes del evento.

“Hay una nueva forma de vivir y de desplazarse en el mundo, pero particularmente en Medellín es un fenómeno disparado. Según cifras del Ministerio de Comercio, entre el 2017 y 2018, el turismo en el mundo aumentó en 4%, algo que nunca había pasado en la historia del hombre, todo esto de desplazarse por placer, por encontrar y conocer otras culturas. Latinoamérica tuvo un crecimiento del 6%, Colombia del 8% y Medellín del 12%, es decir tres veces más acelerado´, explica Harold Ortiz, creador y director creativo de Timebag.

Tras un año de conversación entre el Hotel Nutibara y Timebag, se creó la alianza que dio pie a la importante toma cultural y artística. Esta tuvo 65 muestras montadas por artistas en el interior de las habitaciones del hotel. Algunas de las favoritas de los visitantes fueron aquellas que contaban con personajes como parte de la muestra.

Entre ellas se destacó la sala de las Guerreras del Centro, decorada en gamas de colores rosados y lentejuelas. Allí, este grupo de mujeres que ejerce o ejerció la prostitución en el centro, se encargó de realizar su performance “Nadie sabe quién soy yo”una obra artística que busca alzar la voz y visibilizar a las mujeres que desempeñan este oficio en el corazón de la ciudad.

Igual de conmovedora fue la exposición ´Las Acacias´, homónima del cortometraje de Manuel Correa, que expone la historia de Lola Londoño, una mujer sobreviviente del conflicto, quién perdió a sus únicos tres hijos varones a manos de la desaparición forzada que se vivió y vive en el país, y quien hoy lidera un grupo de mujeres que buscan sanar las heridas dejadas por los horrores de la guerra. “Esta exposición no es solo arte, busca cambiar corazones, bregar a dejar un testimonio, sobre todo en la juventud tan llena de odios y rencor. Las obras de teatro han sido sanación para nosotras, pasamos de pensar que no queríamos vivir a ser sobrevivientes y el arte aportó para este proceso de perdón´, afirma Londoño sentada en una habitación del Nutibara, al lado de una ventana que deja entrever el caos cotidiano del centro.

Estaciones de ferrocarril, hospitales, bodegas, parqueaderos y puertos, habían sido los espacios escogidos por Timebag para sus ediciones previas.

Gran parte de la magia del evento fue el peso histórico del espacio seleccionado. El presentarse en el Nutibara y adecuar sus habitaciones, llenas por sí mismas de historias, a estas exposiciones cargadas de sentimiento, permitieron que los invitados estuvieran inmersos por tres días en una experiencia que sin duda será difícil de olvidar.

Las noches llenaron de música y luces las terrazas del hotel. La casa promotora de eventos Breakfast Club, de la mano con Timebag, se encargó de llevar al evento artistas de gran relevancia en la escena musical de la ciudad.

Así mismo, una muestra gastronómica de cena y maridaje, dirigida por el chef Salomón Borenstein, en el interior de la suite presidencial del Nutibara, invitó a 20 asistentes por noche, a reunirse, reflexionar y celebrar en torno a la comida. El evento concluyó el domingo 26 de mayo con un elegante brunch dentro del bellísimo Museo de Antioquia.

En resumen, la quinta edición de Timebag fue un éxito. El esfuerzo del colectivo y del hotel en la preparación del evento se notó. Entregaron al público un evento diferente y de alta categoría.

Andrés Devia, asistente a ¡Bienvenidos a incomodar!, resume así su experiencia: “Me parece que es una muy buena cachetada para lo que es la ciudad, creo que es una forma de quitarle a la gente de la cabeza esa percepción de amenaza que tiene por las personas que no son iguales, esas personas que no tienen problema en mostrar su cuerpo, su historia, sus verdades. Fueron cosas muy reales, y muy incómodas, las consideradas como arte, y en esa línea siento que cumplieron muy bien con su objetivo”