¿Cómo se fue haciendo toda esta gente en un enjambre amistoso y cercano, capaz de vencer egos, imposiciones jerárquicas, manuales de uso y rentabilidad, hasta cohesionar una fuerza que, en una década, ha servido para reconocer empeños y saber dónde está cada uno? Es así como Caminá pa’l Centro ha consistido en un diálogo con el territorio y con quienes lo habitan, ha sido indagar en su atmósfera, la toma de un pulso a la singularidad de su geografía.
Se ha estado atento a las señales que se emiten desde el espacio público, un afuera y un adentro de sus estructuras. Y no hay duda, la cultura y sus gestores son, en cierta medida, el tamaño de un corazón espiritual que bombea para hacer de la dignidad un respeto por la vida y el gozo más alegre y grato para ampliar la mirada del mundo; ese intento por aprovisionar el buen vivir. Caminá ha ido en la senda de entender que la colaboración es fundamental para crecer en capacidades sociales y también para reconocer sus limitaciones.
Ese lugar de acopio que ha sido la Comuna 10, La Candelaria —convergencia de caminos con sus rastros de origen y de un suceder histórico que emiten señales donde la ruralidad se mezcla con los nuevos ímpetus—, hace que este lugar de fuga o estadía contenga la diversidad, concentre lo heterogéneo. El Centro reúne expresiones muy genuinas de pluralidad y Caminá ha ayudado a ampliar ese pulso como convergencia de facto, como intersección de muchos con un sombreado común: hacer las cosas juntos y ponerse de acuerdo para construir una agenda colegiada en el territorio.
Esa casa ampliada sin propietario ha hecho posible la relación entre teoría y práctica: agendas de programación que, desde el año 2016, han obedecido a premisas que buscan iluminar el camino —la poesía ha descrito realidades—, acciones para democratizar el derecho a la ciudad. Este tiempo ha permitido entender el vigor de la llamada identidad con preguntas y respuestas desde un acto creativo que trae nuevos significados de lo que hemos sido, somos y seremos como parte de una sociedad y de eso llamado cultura. La convocatoria —reitero— ha sido simple: hacerlo juntos, solidaria y desprevenidamente, anteponiendo el bien colectivo sobre el interés particular.
En este 2026 Caminá pa’l Centro como estrategia de movilización cumple 10 años de una infancia engrandecida, un trayecto de amistad para aprender de los otros, de la contradicción y de la riqueza del disenso. Un tiempo para hacerse a un equipaje de respeto y convicción por parte de entidades, grupos, organizaciones, colectivos y personas que comprendieron el valor de la unidad para contrarrestar los egoísmos y la decidía que suponen ascensos solitarios.
Agradezco a cada uno por haberme permitido ser parte de este enjambre. Con quienes tuve resonancia y afectos, está mi corazón; y con quienes establecí diferencias, solo queda por decir que frente a este atributo de la vida se requiere coraje. Ahora que he sido enviada a otros roles por la amada Universidad de Antioquia, les auguro ventura, como parte que soy y seguiré siendo de ese «NOSOTROS» claro y poderoso.
Gisela Posada Mejía
Periodista Universidad de Antioquia















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