Medellín está a pocos pasos de ahogarse, no solo en una nube de humo tóxico producido por la industria y por fuentes móviles, sino también en un trancón interminable que nos resta competitividad y calidad de vida a todos, sin excepción.

Los últimos dos gobiernos de la ciudad han sido valientes en trazar un camino y empezar a recorrerlo en temas de movilidad sostenible, que, si bien en muchos casos no suena muy popular, sobre todo por las restricciones que esto puede ocasionar, es tal vez la mejor solución para seguir siendo el “buen vividero” que nos ha caracterizado y que año tras año se ha ido perdiendo.

Aunque todos los componentes de este cambio que requiere Medellín no se vienen implementando a la misma velocidad, sí se empiezan a ver avances, especialmente desde el sector público, y en casos puntuales desde el sector privado.

Hoy, el metro moviliza diariamente 840.000 personas, los Metrocables 100.000, el Tranvía 55.000 y Metroplús 140.000. Por su parte, Encicla realiza 16.000 préstamos diarios, ello sumado a otra considerable cantidad de personas que usan el servicio público de buses tradicionales, que, entre otras cosas, cerca del 70% ya cuenta con dispositivos de gestión y control de flota, con lo cual podrán tomarse medidas para el mejoramiento del servicio.

La Secretaría de Movilidad, por su parte, cuenta con siete vehículos eléctricos, tres de ellos furgonetas y cuatro tipo Twizy, para lo cual realizó una inversión cercana a los $400 millones. En se mismo sentido, Metroplús pondrá en funcionamiento en los próximos meses 64 buses eléctricos en el corredor de la carrera 80 y en la línea 2 que pasa por la avenida Oriental.

En el sector privado, empresas como Bancolombia y Sura incentivan en sus colaboradores el uso de la bicicleta como medio de transporte, adecuando cicloparqueaderos, poniendo al servicio bicicletas para traslado entre sus sedes, y en ocasiones incluso han instalado duchas. En ese mismo sentido, TCC ya cuenta con varios camiones eléctricos y Servientrega le apunta a las ecobicicletas.

Si bien este es un buen inicio para Medellín en el intento por ser la capital latinoamericana de la movilidad sostenible, aún falta mucho camino por recorrer, sobre todo en hacer más atractivo el servicio público para que quienes hoy usan motocicletas o vehículos particulares se bajen de estos y vean viable usar otros medios, incluso la bicicleta.

Parte de ese camino por recorrer depende de la administración municipal, sin embargo, a menos de tres meses de acabar este periodo, muchas de las medidas que se requieren con urgencia, seguramente no se tomarán. Será entonces el próximo alcalde quien tenga que lidiar con decisiones impopulares como la implementación de las ZUAP (zonas urbanas de aire protegido), el aumento del horario del pico y placa, la reorganización de las rutas de buses, entre otras, que tal vez no se hagan antes de comenzar el segundo semestre de gobierno.

Mientras tanto, somos los ciudadanos los llamados a repensar nuestro modo de transporte y comenzar a hacer los cambios, pues cada día la situación es más insostenible, y ha llegado al punto en el que hoy es más rápida la movilidad en bicicleta, y en poco tiempo, en algunos sectores lo será más aún caminar que circular en vehículos.