El experto brasileño Sergio Avelleda plantea que los sistemas de transporte deben estar integrados, ser accesibles y permitir que las personas lleguen a sus destinos sin gastar demasiado tiempo ni dinero. Una discusión clave para el futuro del centro de Medellín.
Por Jorge Mario Puerta Soto
¿Qué tan accesible es una ciudad para una persona que tarda dos horas en llegar a su trabajo, debe pagar varios pasajes para completar un recorrido o vive lejos de las oportunidades de empleo y educación? Para Sergio Avelleda, experto brasileño en transporte urbano, estas preguntas deberían estar en el centro de las decisiones sobre cómo se mueven las ciudades.
Durante su conferencia «Movilidad sustentable, segura e inclusiva en Latinoamérica», realizada en el marco de «Foros desde el Centro: Por una Movilidad Sostenible para Todos», Avelleda propuso cambiar la manera de evaluar los sistemas de transporte: no basta con medir la velocidad de los vehículos o la cantidad de viajes realizados. También es necesario preguntarse si las personas pueden llegar a donde necesitan, en un tiempo razonable y a un costo que puedan asumir.
La reflexión introduce una dimensión social en la discusión urbana. Las condiciones para desplazarse influyen en las posibilidades de estudiar, trabajar, acceder a servicios y participar de la vida de la ciudad. Cuando esas condiciones son desfavorables, las distancias no se miden únicamente en kilómetros: también se expresan en oportunidades que resultan difíciles de alcanzar.
Del transporte al acceso a las oportunidades
Avelleda explicó que durante años las políticas de transporte se concentraron en mejorar el flujo vehicular y la operación de los sistemas colectivos. Posteriormente, la inclusión de peatones y ciclistas amplió la discusión hacia la movilidad. Ahora, planteó, el reto es poner el foco en el acceso.
La diferencia está en la pregunta que orienta las decisiones. En lugar de concentrarse únicamente en cuánto tarda un vehículo en recorrer una vía, se trata de analizar cuánto tiempo y dinero necesita una persona para llegar a su destino y qué alternativas tiene para hacerlo.
Una ciudad ofrece mejores condiciones de acceso cuando conecta de manera eficiente las viviendas con los lugares de trabajo, los centros educativos, los servicios de salud y las demás actividades cotidianas. Por el contrario, cuando las distancias son grandes y las opciones de transporte son limitadas, algunos ciudadanos encuentran mayores obstáculos para aprovechar las oportunidades urbanas.
Durante la conferencia organizada por Corpocentro y la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, el experto citó el caso de São Paulo para ilustrar esta desigualdad. Según los datos que presentó, las personas de mayores ingresos tienen muchas más oportunidades de acceder a empleos que quienes viven en zonas alejadas. Su argumento es que la distribución de las oportunidades y las condiciones de transporte deben analizarse conjuntamente.
Un sistema integrado facilita los recorridos
Uno de los puntos en los que Avelleda destacó a Medellín fue en la diversidad de medios de transporte disponibles. Mencionó el metro, el tranvía, el metrocable, la bicicleta compartida y las alternativas para caminar como herramientas que pueden contribuir a conectar a las personas con distintos sectores de la ciudad.
Sin embargo, contar con varios medios no garantiza, por sí solo, que el sistema funcione de manera integrada. Para el experto, la conexión debe darse en tres niveles: la planeación, la operación y la infraestructura física.
Esto significa que los servicios deben coordinarse, que las conexiones entre estaciones y paraderos deben ser adecuadas y que los usuarios necesitan información clara para completar sus recorridos. También supone reducir las barreras que aparecen cuando una persona debe cambiar de medio de transporte.
La integración puede extenderse a los pagos y las tarifas. Avelleda puso como ejemplo situaciones metropolitanas en las que un usuario debe adquirir tarjetas diferentes y pagar tarifas adicionales para desplazarse entre municipios o conectar varios servicios. Este tipo de obstáculos puede hacer que el transporte público resulte menos atractivo frente a otras alternativas.
Una red articulada, con medios de pago compatibles y tarifas que faciliten los transbordos, puede ampliar las posibilidades de desplazamiento y hacer más sencillo el acceso a las actividades urbanas.
El desafío es especialmente relevante en las áreas metropolitanas, donde muchas personas viven en un municipio y trabajan o estudian en otro. La coordinación entre territorios e instituciones resulta necesaria para que los sistemas respondan a los recorridos reales de la población.
El costo de desplazarse también genera desigualdad
El transporte tiene un costo económico para las familias, pero ese costo no afecta a todos de la misma manera. Para quienes cuentan con ingresos limitados, los gastos diarios de desplazamiento pueden representar una proporción importante del presupuesto y restringir otras necesidades.
En su intervención, Avelleda señaló que en São Paulo los hogares de menores ingresos pueden destinar una parte considerable de sus recursos a la movilidad. Mencionó durante su conferencia que aproximadamente el 35% del presupuesto familiar se destina para transporte.
Su planteamiento, en todo caso, apunta a un asunto central: un sistema de transporte no puede evaluarse únicamente por su costo de operación. También debe analizarse cuánto pagan los usuarios, qué proporción de sus ingresos representa ese gasto y qué posibilidades tienen de elegir alternativas.
El experto propuso, además, revisar la forma en que se financia el transporte público. En su concepto, depender principalmente del pago directo de los pasajeros puede limitar la capacidad de ofrecer servicios accesibles y mantener una cobertura adecuada.
Por eso, invitó a considerar el transporte público como una infraestructura de beneficio colectivo, cuyos efectos van más allá de quienes lo utilizan directamente. La discusión sobre subsidios, fuentes de financiación y tarifas debe partir de esa perspectiva, teniendo en cuenta las condiciones económicas de cada ciudad.
La movilidad también depende de dónde vivimos
Las dificultades para desplazarse no se originan exclusivamente en las vías o en la operación de los sistemas de transporte. También están relacionadas con la forma en que se distribuyen las viviendas, los empleos y los servicios.
Avelleda explicó que los desarrollos urbanos exclusivamente residenciales y alejados de las zonas de actividad comercial y de servicios, pueden generar grandes desplazamientos cotidianos. En cambio, cuando las viviendas se articulan con las oportunidades laborales, de entretenimiento y económicas, es posible reducir algunos viajes y facilitar el acceso a los destinos.
Esta relación entre planeación urbana y transporte tiene implicaciones para Medellín, especialmente ante las discusiones sobre el futuro del centro. La posibilidad de atraer nuevos residentes debe acompañarse de decisiones sobre transporte público, accesibilidad peatonal, conexión con otros sectores y disponibilidad de servicios.
El objetivo no es solamente aumentar la población que vive en una zona, sino procurar que sus habitantes puedan resolver parte de sus necesidades cotidianas con desplazamientos razonables y alternativas diversas.
El Centro concentra actividades comerciales, educativas, institucionales y de servicios que atraen diariamente a personas de diferentes barrios y otros municipios. Su funcionamiento depende de que esos desplazamientos puedan realizarse en condiciones adecuadas y de que existan alternativas para quienes no utilizan un vehículo particular.
Las ideas expuestas por Avelleda invitan a examinar la movilidad desde la experiencia de los usuarios: cuánto tardan en llegar, cuánto les cuesta el recorrido, qué tan fáciles son las conexiones y qué barreras encuentran para acceder a las oportunidades que ofrece esta zona de la ciudad.
También plantea la necesidad de articular las decisiones de transporte con la planeación del suelo y la vivienda. Si se busca que el centro sea un lugar donde más personas puedan vivir, trabajar, estudiar y disfrutar de sus espacios, las condiciones de acceso deben formar parte de esa transformación.
La integración de los sistemas, las tarifas asequibles, la conexión entre municipios y una distribución urbana que acerque a las personas a sus destinos son asuntos que requieren coordinación y continuidad en las políticas públicas.
¿Qué tan cerca están las oportunidades de las personas que viven y se desplazan por Medellín? La respuesta no depende solamente de las distancias físicas, sino también de la calidad, el costo y la integración de las alternativas que la ciudad ofrece para recorrerlas.















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