trabajar Estudiar y trabajar simultáneamente es un reto que pone a prueba la disciplina y la perseverancia. ¿Cuál es el combustible para rendir con éxito en ambos espacios?

Por: Diana Isabel Quintero R.

“Estudiar y trabajar al mismo tiempo es bastante retador”. Eso lo dice con conocimiento de causa Alejandra Martínez Serna, estudiante de Administración de Empresas de la Universidad Autónoma Latinoamericana -UNAULA- y empleada de bienestar universitario de la misma institución. “La universidad da la posibilidad de estudiar cuando uno está laborando, pero los horarios se vuelven muy intensos. Yo llego a clase de seis a ocho que es la hora en la que entro a trabajar. A las doce veo otra materia, almuerzo muy rápido y a las dos vuelvo a laborar hasta la seis de la tarde, cuando vuelvo a clase hasta las diez de la noche”. A semejante trajín, que con solo leerlo produce estrés, se suma el hecho de que Alejandra vive en Girardota, y según ella, tarda unos 45 minutos en llegar a su casa.

Marco Antonio Vélez Bolívar, docente de ese centro de estudios es claro en afirmar que el estudiante que trabaja tiene otras prioridades. Es aplicado porque sabe que si no estudia pierde oportunidades en el mercado y entiende que lo que está estudiando realmente le da la posibilidad de crecer. “Sin

embargo, obviamente el tiempo disponible no es el mismo que el de un estudiante que no labora, por eso la universidad abre los fines de semana, vienen a estudiar con compañeros y hay docentes que les hacen acompañamiento por medio de talleres, por ejemplo, un domingo”.

En ese sentido, Giovanny Orozco, vicerrector académico de Uniremington, detalla: “Nosotros tenemos una flexibilidad temporal, en la que les ofertamos a los estudiantes una gran cantidad de horarios y de posibilidades para que combinen el estudio con el trabajo, y tenemos la que llamamos flexibilidad tecnológica”.  Comenta sobre estudiantes a los que les cambian de turnos en el trabajo cada tres o cuatro días, entonces ni ellos saben qué horarios de clases pueden tomar. Según el directivo, en estas situaciones es cuando la plataforma virtual es la mejor alternativa, porque el estudiante se programa al ritmo que su empleo le permite.

Andrés Parra, estudiante de Medicina Veterinaria en Uniremington, y administrador de su propia clínica de este ramo, describe así su rutina diaria: “Todos los días me levanto a las cuatro de la mañana y estoy acostándome a las once, me desplazo una hora porque vivo en San Jerónimo. Entonces, además de la carga laboral, está el transporte de dos horas diarias”. Y agrega que en los últimos semestres habrá más exigencia, porque comienzan a rotar. “Va a ser muy complicado porque es de tiempo completo, y yo no puedo abandonar mi empresa. Es una buena oportunidad, pero es muy difícil”, sentencia.

“Inicié mi pregrado en la Autónoma trabajando en un call center, posteriormente me vinculé a la universidad con monitorías. Mientras las hacía, también trabajé en la Universidad de Medellín como auxiliar de sistematización”. Así de compleja era la agenda de estudiante y empleada de Lorena Gallego. Hoy, ya licenciada en Ciencias Sociales, afirma que era complicado pero posible. “Era arriesgar sueño y descanso, pero cumplir muchas metas. Me gradué y actualmente soy la encargada del proceso de acreditación de la facultad de Ciencias de la Educación, de donde soy egresada”.

Carlos Julián Gallego Duque, docente de la facultad de Ingenierías de la Universidad Autónoma comenta: “Si bien arrancamos con los estudiantes de primeros semestres en un horario diurno, sabemos que en quinto, sexto o séptimo semestre van saliendo a sus prác

ticas y algunos ya están laborando, entonces se les pone un horario flexible, de seis a ocho de la mañana y de seis a diez de la noche. Así pueden cumplir con sus funciones y seguir su formación académica”.

Por su parte Luis Hernán Tabares narra su historia así: “Yo tengo 53 años, siempre he trabajado en una empresa de construcciones. Soy papá soltero hace 14 años. Tengo un hijo de 27, que está terminando Derecho, carrera que estamos estudiando juntos en la Corporación Universitaria Americana, y un hijo de 15 que está haciendo décimo grado. Me toca hacer de mamá y papá, y correr todo el día. Empecé mi proyecto de vida y ya estoy terminando, estoy haciendo los consultorios. Entonces, a la gente yo le diría que se animen a estudiar. El que no estudia es que no quiere, porque hay muchas facilidades. Yo ya tengo en mente especializarme”.