Por: Alexander Barajas

Resolver el lío de movernos en nuestras calles con economía, de manera fluida, segura y con la mínima contaminación, no tiene soluciones únicas ni mágicas. La apatía y el desorden ciudadanos tampoco ayudan.

Mucho se ha escuchado hablar sobre “movilidad sostenible” en el último tiempo. Incluso nuestro centro ha sido expuesto como ejemplo de lo que no se puede seguir haciendo contra esta y como un esperanzador laboratorio para lograrla.

Pero, ¿qué es la movilidad sostenible? Movilidad es transportarse, ir de un lugar a otro; sostenible, según Santiago Ortega, docente de la Universidad EIA y miembro del colectivo Ciudad Verde, “significa satisfacer las necesidades presentes sin sacrificar las necesidades de las generaciones futuras, tanto en lo social como en lo económico y ambiental. Mejor dicho, es sentido común”.

Explica el experto que la preocupación por una movilidad sostenible se da por el colapso del modelo de ciudad, el cual padecemos en Medellín en general, pero con especial énfasis en las Comunas 10 (Centro) y 14 (El Poblado): “Tenemos una ciudad dispersa, lo que nos ha traído varias cosas: largos tiempos de desplazamiento, congestiones, espacio perdido en parqueaderos, infraestructura vial costosa y mala calidad del aire”.

El centro, con las ciclorrutas actuales y propuestas, podrá recorrerse con facilidad dado que las pendientes no superan los 6 grados de inclinación.

Propone en consecuencia algo que se llama “la ciudad compacta”, pero aclara que esa sería apenas una de las soluciones, siendo de por sí tremendamente difícil y caro llegar hasta allá. “Se cambian las ciudades con presupuestos, no con discursos; pero transformando lo físico solamente, no se garantiza una ciudad ni una movilidad sostenible. No existe una sola bala de plata para acabar al hombre lobo de los trancones y la contaminación”.

Medellín compacta

Es tentador pensar en una ciudad compacta como una ciudad densificada, es decir, con muchos habitantes por cada área, sin embargo, una Medellín compacta sería otra cosa y eso puede explicar muchas de las transformaciones que hoy vive nuestro centro, promovidas desde la institucionalidad.

“La esencia de la ciudad compacta es el espacio público, se fundamenta en la existencia del barrio como hábitat, como territorio, como sistema ecológico del ser humano, para que la gente vuelva a caminar y encuentre bienes y servicios muy cerca de su casa, y que use el transporte colectivo para desplazamientos más largos”, asegura por su parte Zoraida Gaviria, directora de la Especialización en Gestión y Procesos Urbanos de la EIA.

Por esto, aunque el 70% de la contaminación la generan los vehículos a gasolina y diésel en Medellín, cambiarlos todos por eléctricos apenas ayudaría a atenuar el tema ambiental, sin atender el resto de las variables que constituyen una movilidad sostenible. Trancones y accidentes seguirían iguales, con carros, motos y buses eléctricos, si no se cambian otras cosas.

El número de motos subió 411% en 10 años. Es un vehículo eficiente en espacio vial (2 m2 contra 12 m2 del carro), pero genera trancones por alta accidentalidad.

En ese sentido apunta el concejal y experto en urbanismo Daniel Carvalho, cuando reitera la necesidad de “voltear la pirámide de la movilidad, que hoy privilegia el carro particular. Arriba debe estar el peatón y otras opciones de movilidad c omo la bicicleta, luego el transporte público colectivo, el transporte de carga y por último los vehículos particulares”.

Reconoce que ni caminar ni montar en cicla es una opción para todo el mundo, “pero sí podemos pensar todos en tener y usar un transporte público de calidad, menos contaminante, con integración tarifaria, con información y operación eficiente para el usuario, que se debe comprometer también en ser cívico, que vaya a los acopios, que cumpla las normas. Esto se arregla entre todos, con cambios en lo físico, en la organización del transporte y en nuestros modos de pensar cómo nos movemos”.

Alexander González, arquitecto y doctor en urbanismo sostenible, de la dirección de proyectos especiales de Alcaldía de Medellín, destaca que la ciudad va dando pasos seguros, pero no suficientes todavía. “Tenemos el sistema más estricto de medición de calidad del aire del país y protocolos de acción. ¿Qué sería de esta ciudad sin el metro? 800 mil personas moviéndose todavía con diésel; no podríamos respirar ya”.

EPM y la Alcaldía de Medellín, junto con las empresas de taxis, planean cambiar en dos años 1.500 taxis a gasolina por 1.500 eléctricos.

Agregó que el problema es tremendamente complejo, y se resuelve con una mezcla de alternativas en constante revisión que incluyen normas restrictivas a los vehículos, con tecnología como el transporte eléctrico, con infraestructura que facilite la integración armónica de distintos modos de transporte, “pero sobre todo con compromiso ciudadano. No es posible que haya corrupción en la revisión de gases o que todavía no vayamos a los acopios a tomar un taxi”.

Objetivo de desarrollo

En el actual Plan de Desarrollo de Medellín hay varias iniciativas interesantes pensadas en una ciudad con movilidad sostenible: 80 km nuevos de ciclorrutas y 35 mil metros cuadrados de red caminera (mejores andenes), muchos de ellos para el centro, incluyendo la peatonalización de 16 manzanas bajo el programa “Rutas para Vos”. También se trazó la meta de bajar la accidentalidad vial de 1.87 a 1.64 por cada 100 mil habitantes, así como la morbilidad de 11 a 9.4 por cada 100 mil personas. Cada año mueren en promedio 130 peatones y 105 motociclistas en accidentes de tránsito en toda la ciudad; en el centro, más del 25% de los casos.