En conversación con Centrópolis, el ex – secretario de Inclusión Social, Familia y Derechos humanos habla sobre los retos de la ciudad en materia social, los logros de su periodo en la secretaría y el panorama específico para el centro de Medellín

Por: Vanessa Martínez Zuluaga

Medellín es una ciudad de dinámicas sociales complejas. Los contrastes se dejan ver a siempre vista. Tenemos, por un lado, un territorio que ha sido merecedor de reconocimientos mundiales, como el de la ciudad más innovadora del mundo y a su vez, procesos sociales tan escabrosos como lo que implica el narcotráfico, la desigualdad y la pobreza.

Dilucidar lo que ocurre a nivel social en un territorio como el nuestro implica observar el horizonte desde distintos puntos de vista. En esta ocasión, el ex secretario de inclusión social, familia y derechos humanos, Luis Bernardo Vélez Montoya, desde su experiencia en procesos sociales, nos cuenta lo que significó liderar la Secretaría, los retos y logros de su gestión y el panorama que percibe en el tema para el centro de Medellín.

“Desde el inicio de este periodo, yo me propuse cambiar el enfoque de esta secretaria, mi intención era pasar del asistencialismo a una gestión de oportunidades. Creo que logramos avanzar bastante y el resultado de esto es el éxito de algunos proyectos como la Escuela de Oficios para la Inclusión, las Granjas Productivas Somos Gente, los dormitorios para adultos mayores y las alianzas estratégicas con entidades privadas como cadenas de supermercados, que creo es como deben darse estos procesos, con apoyo desde la institucionalidad, pero también desde lo privado”, afirmó Vélez, quien es médico de profesión y ha estado involucrado en procesos sociales desde hace 20 años.

Con él se logran dos miradas: una desde el territorio, que ha esclarecido con su trabajo a través de la medicina social en fenómenos como la prostitución, la drogadicción y la explotación sexual en sectores como Lovaina, Niquitao, Moravia y Campo Valdés; y también, se tiene la perspectiva política, desde el Concejo Municipal y la Secretaría de Inclusión.

No duda cuando afirma que el trabajo verdadero debe hacerse desde la prevención, la educación y la creación de oportunidades para las poblaciones más vulnerables, “No creo que haya gente perezosa o que decida vivir en condiciones de calle, creo que hay gente sin oportunidades concretas. Un aprendizaje y una reflexión que me dejó mi paso por la Secretaría es que lo social desbordó al estado. Son tantas las complejidades sociales que, aunque creo que el Estado tiene que tener toda la contundencia contra la oferta de psicoactivos y la ilegalidad en la ciudad, también se debe hacer un esfuerzo más grande en inversión y decisión política, específicamente en la prevención de muchos de estos fenómenos”.

Como concejal, desde 2004 hasta 2016, se dedicó a liderar propuestas en políticas públicas con grupos académicos, sociales y empresariales referentes al trabajo con el adulto mayor, la población LGTBI, políticas de seguridad alimentaria y de cuidadores, inquilinatos y violencia sexual, lo cual, afirma, amplió su perspectiva en cuanto a lo que estima es un trabajo fundamental para el desarrollo de las sociedades.

El centro: una fotografía de lo que ocurre en la ciudad

Se dice que el centro de una ciudad es una radiografía de lo que ocurre en toda su extensión, para el exsecretario, así como en otros sectores de la ciudad, hay problemáticas puntuales que siguen siendo un reto para las administraciones municipales futuras: las intervenciones con habitantes de calle, la seguridad integral, la inversión social y el aumento de las ventas informales.

“El centro de una ciudad es una fotografía de lo que está pasando, bueno, no tan bueno y regular. Yo pienso que habría que hacer varias cosas: diseñar con mayor precisión unas políticas públicas en materia de ventas informales, fortalecer el tema con los habitantes de calle y trabajar por un enfoque de seguridad integral, donde se hagan intervenciones con policía, pero también desde lo social”.

La luz y el centro

“Hay que tener un propósito muy importante: devolverle la seguridad y la luz al centro de la ciudad, en el sentido literal, cuando hay más luminarias ocurren menos actos ilegales”, apunta con convicción.
Otra de las tareas pendientes, comenta, es la de apoyar las manifestaciones culturales que existen en el centro y promover la creación de nuevas iniciativas. “Debemos preguntarnos cómo volver el centro una agenda cultural continua, las 24 horas del día, y eso debe hacerse con alianzas entre lo público y lo privado”, finaliza.