Juvenal Durango es ventero informal, además trabaja constantemente por los deberes y derechos de sus compañeros. Conversamos con él sobre el centro, las obras, responsabilidades y derechos de quienes trabajan en las calles y otros temas. Conozca esta historia de lucha y dedicación.

Por: Jorge Mario Puerta Soto

Sentados en un par de sillas plásticas, en la esquina de Ayacucho con Sucre, el lugar en el que fue reubicado temporalmente Juvenal Durango por parte de la Subsecretaría de Espacio Público, transcurre una entretenida conversación con este vendedor informal y líder social. Antes de comenzar, este hombre de 56 años, pero que por los rigores de la vida aparenta unos tantos años más, le hace señas a uno de sus colegas para que nos venda un par de tintos, uno grande y otro pequeño, que nosvamos tomando a lo largo de la conversación.

¿Quién es Juvenal Durango?

Soy un hombre antioqueño, procedente de Urrao. Llegué a Medellín en 1983 a trabajar en la calle, en la esquina de La Sorpresa. Luego volví a mi pueblo a labrar la tierra durante cuatro años. La violencia me desplazó de nuevo a la ciudad y me empleé en construcción, lavado de buses y una fábrica de papitas, pero como yo no nací para ser “mandado”, en 1995, me establecí como vendedor ambulante cerca al edificio Coltejer y de eso he vivido por 23 años.

De su familia ¿qué nos cuenta?

Soy viudo y vivo con mi hijo menor que tiene 16 años, tengo además dos hijos de mi primera esposa, uno que vive en Chile, trabaja como administrador de una cadena de restaurantes. El otro vive en Cali y es policía.
El niño de 16 está en séptimo grado. No quiere trabajar en la calle, por eso yo le digo que estudie para que más adelante sea alguien en la vida.

¿Qué es lo mejor de su trabajo?

No me siento avergonzado de mi trabajo porque me ha dado la comida y para sostener a mi familia. Yo le agradezco a este trabajo mi casa, todo lo que tengo en este momento. No me he dado muchos gustos, pero me doy el lujo de trabajar por mi cuenta y nadie me manda ni me da órdenes. Eso es muy importante para mí.
¿Cómo es el trato que les dan los transeúntes y compradores a los vendedores ambulantes?
A los vendedores informales no nos tratan bien. Las autoridades, la administración municipal y hasta los clientes en ocasiones nos maltratan. Yo diría que un 30% de las personas nos ven como un estorbo, son groseros y nos faltan al respeto.

¿Gana bien un vendedor informal?

No, es muy difícil decir que uno gana bien cuando muchas veces se va para la casa con 5 o 6 mil pesos. Hay unos que tienen su negocio y en la calle hacen otras cosas ilegales, así ganan más. Yo pienso que los que trabajan legalmente en la calle son más las necesidades que tienen.
Yo tengo ese plantecito que vale poco, estos productos me alcanzan para los pasajes y una libra de arroz, no alcanza para nada más.

¿Por qué sigue siendo tan atractiva la calle para trabajar?

Si fuera por mi yo estaría empleado, pero ya no me dan trabajo. Hasta el año pasado estuve buscando, fui a entrevistas, siempre me decían que no por la edad. Para muchos la calle es la única opción, no por atractiva sino por necesidad.
¿Hay compañerismo entre los vendedores informales?
En algunos sectores de la ciudad hay más compañerismo, los trabajadores se ayudan entre sí. En otros cada uno se defiende como puede.
La verdad es que hay poca solidaridad por parte en los compañeros en dificultades económicas o de salud. Ayudan más los particulares y los transeúntes. Nosotros deberíamos compartir el pan entre 4 o 5.


Intentamos entonces continuar, ahora con el interés de conocer por qué Juvenal hace parte del grupo de personas que participan en los comités ciudadanos de obra que convoca la Alcaldía de Medellín para socializar las intervenciones urbanísticas en el centro de la ciudad. Intentamos saber sobre ese espíritu cívico y social que lo caracteriza.
—————

 

 




¿A qué se debe su participación activa en las reuniones que programa la alcaldía en el centro?

A mí me gusta mucho estar presente, me gusta la labor social, trabajar por los compañeros y ver que están bien. En este momento hago parte de un sindicato.
A mí me preguntan cómo van los trabajos, yo les digo que me mantengo de reunión en reunión, como representante de ellos, para mantenerlos informados sobre qué es lo que está pasando y qué es lo que va a pasar.

¿Desde cuándo es líder?

Desde niño me ha gustado prestarle servicio a la sociedad. A los 7 años ya era revolucionario, y aunque solo hice dos años de colegio cursando primero y segundo, siempre defendía a mis compañeros que eran castigados violentamente por los profesores, les decía: castígueme a mí en vez de a él, yo pienso que ningún error es razón para maltratar a un niño.
Cuando tenía 12 años fundé un comité de vivienda y trabajé en él, luego nació la acción comunal y siempre he participado de ella. Toda la vida he vivido en el barrio Llanaditas, en la comuna 8, donde hago trabajo social.

¿Cómo ve la transformación que se está haciendo en el centro?

El centro está quedando excelente, es una belleza. Yo siempre le digo a cualquiera con quien hablo que uno no se puede oponer a la transformación, aunque esta traiga muchas consecuencias graves como el desarraigo de nuestro sitio de trabajo, la pérdida de capital, porque ya estoy quebrado del todo, ya no tengo ahorros, estoy viviendo del día.

¿Cree que cuando terminen las obras todo ese dinero que han perdido los vendedores, tanto informales como formales, se podrá recuperar?

Yo soy muy metódico, yo digo que lo que se pierde ya no se encuentra. A partir de que terminen las obras, podremos regresar a nuestro sitio de trabajo, vamos a quedar bien organizados y podremos retomar nuestra vida como la llevábamos antes del traslado, pero lo que se perdió se perdió.

¿Considera que va a haber mejores condiciones para todos cuando terminen las obras?

Va a haber mejores condiciones. En el caso mío y de muchos nos darán el carné. A los que no les den carné les toca demandar, que rebusquen o peleen.

¿Cuál es la posición de su sindicato con respecto a ese hecho?

Las leyes hay que acatarlas y respetarlas, pero exigir los derechos que le corresponden a uno. Porque yo hago parte del sindicato y si a mí me dicen que no voy más para la calle, listo no voy, pero deme lo que me corresponde, una indemnización.
Yo sé que una pelea contra el estado es muy difícil, pero si acordamos y me dan 30 millones de pesos yo me voy porque hago más con esa plata que vivir peleando o corriendo.

¿Si a los venteros informales se les da 30 millones como indemnización, se van para la casa o vuelven al espacio público?

Eso depende del manejo que le de cada uno a lo que tiene. Si yo me siento en la casa a gastar eso se acaba rápido, pero si lo invierto en algo productivo que no sea la calle la plata se va multiplicando.

¿Si tuviera la oportunidad de hacer un cambio en el manejo del espacio público en el centro, que haría?

Es algo complicado. Trataría de hacer una selección transparente y honesta, lo principal sería hacer cumplir los requisitos. Los que no los cumplan los castigaría, mandándolos a puntos de venta diferentes. Al hijo obediente hay que premiarlo y al desobediente, castigarlo.
Un ejemplo: mis compañeros dicen que, si hay que pelear pelean, pero los derechos no se reclaman a punta de piedra, se debe dialogar y llegar a acuerdos, si hay que demandar se hace, pero si usted pelea va a perder más. Para mí es primordial el diálogo.

¿Cree que esta administración ha tenido el diálogo como un eje fundamental?

Sí pero también tiene una gran falencia: no han cumplido todo con lo que se comprometieron. En el caso de nosotros no nos ha cumplido con el retorno a nuestro punto. En los traslados hay unas medidas establecidas y la administración no las ha hecho valer, esas son cosas que hay que tener en cuenta. Cuando iniciaron la obra dijeron que adentro no iba a haber ningún ventero, sin embargo, ha transcurrido la obra y siempre ha habido, se supone que si la administración cumple con el reglamento no debe de haber venteros hasta que termine la obra, entonces si yo tengo el derecho a trabajar también tengo el deber de cumplir las condiciones.

¿Qué cree que le falta al centro?

Por parte de la administración le falta más cumplimiento, si hay cumplimiento trabajamos todos y se ahorran muchos problemas.  Se necesitan buenos puntos para trabajar, si nos sacan de la calle que nos hagan unos centros de acopios bien hechos, en puntos estratégicos, donde se pueda trabajar sin perturbar el espacio público. Yo tengo muy claro que el espacio público es de nadie y para todos.
También le falta orden. Si todos los venteros estuvieran cumpliendo los requisitos se les pondría módulos porque esa es la garantía del trabajo. Si yo no puedo brindarle al ventero informal un espacio cubierto, al menos brindarle un espacio donde él pueda abrir el puesto y no tenga que estar corriendo.

¿Aspira a poder retirarse?

Si tengo la oportunidad sí me retiro, porque trabajando en la calle no se tienen las garantías que se deberían, pero desafortunadamente ya me toca quedarme aquí porque no tengo otra fuente de empleo.

¿Tiene alguna historia curiosa que contar de su trabajo?

Claro que sí. Son muchas historias buenas y malas.
En el 2000, a las 7 de la noche, me cogieron entre 14 de espacio público, me arrastraron al camión y me quitaron la mercancía, eso es inaudito, sabiendo que estaba prohibido hacerlo.
Otra anécdota es que una vez salió un señor del edificio Coltejer y me dijo “vea para que tome fresco” y me regaló 200 mil pesos, eso fue una dicha. Y una vez caminando por Cúcuta, yo madrugo todos los días para allá, un conocido me dio 200 mil pesitos.
————-
Con las campanas del tranvía sonando a nuestro lado, un sol que calienta al medio día y el barullo de la gente pasando de arriba a abajo y de abajo a arriba, me despido de Juvenal, a quien seguramente volveré a ver mañana, y pasado mañana y muchos días más, en esa esquina del centro de Medellín, donde continúa su lucha por la supervivencia y por defender a sus compañeros informales.

En palabras de Juvenal

“Hoy yo no siento mis derechos vulnerados por la realización de las obras en el centro”.

“Yo no me siento avergonzado de mi trabajo porque me ha dado la comida y me ha dado para sostener mi familia”.

“Las leyes hay que acatarlas y respetarlas, pero exigir los derechos que le corresponden a uno”.

“Si tengo el derecho a trabajar también tengo el deber de cumplir”.

“Yo tengo muy claro que el espacio público es de nadie y para todos”.