La población habitante de calle es la que tiene mayor riesgo de contraer enfermedades infecciosas porque viven a la intemperie.

Por su inestabilidad social y económica y sus condiciones de vida a la intemperie, los habitantes de calle tienen mayor riesgo de contraer enfermedades infectocontagiosas.  Aquí el panorama.

Por Laura López

El señor José Betancur sabe lo que es estar enfermo, sentado en una acera del centro, sin comer, ni dormir. Él, que antes sufrió lo que es estar en esa situación de drogadicción, ahora lidera la Fundación Semilla que Crece, ubicada en el centro de Medellín y dedicada a atender a los habitantes de calle.

Convencido de la importancia de su labor para la recuperación física y mental de esta población vulnerable, explica que no atenderlos se convierte, con el tiempo, en un problema de salud pública. Y no es para menos, porque una persona que se encuentra habitando las calles, no solo por drogadicción, sino también por desplazamiento y otras circunstancias, afronta las inclemencias del clima, tiene un mayor riesgo de lesionarse, de enfrentar agresiones físicas y de ser atacado por animales. Además, esta población tiene una mala alimentación que los lleva a la pérdida de peso y desnutrición, lo cual trae como consecuencia baja en las defensas y falencias en el sistema inmune, lo que aumenta el riesgo de contraer infecciones.
Por eso, la Fundación está articulada con la Secretaría de Inclusión Social y con la Pastoral Social, para referenciar y sensibilizar a la población habitante de calle, con el objetivo de que asistan a los diferentes Centro Día de la ciudad ubicados en la comuna 10. Allí se les hace un perfil y un diagnóstico que permite continuar con su proceso de recuperación. Al mes, esta institución atiende cerca de 500 personas.

Entre enfermedades y estigmatización

“Particularmente, en la población habitante de calle, se ha prestado atención a las enfermedades de transmisión sexual, en especial el VIH, porque los estudios han mostrado que existe mayor presencia del virus en estas personas. Lo anterior, se asocia con el consumo de drogas y prácticas de comercio sexual sin la debida protección, lo cual incrementa el riesgo de contagio”, señala Carlos Alberto Rojas, doctor en epidemiología e investigador en la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia.

De acuerdo con Andrés Cardona, consultor para un proyecto sobre el VIH del Fondo Mundial y ejecutado por el Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo (Fonade), en Medellín existe una prevalencia de VIH en habitantes de calle del 11% y la mayoría de estos residen en la comuna 10. Naciones Unidas ha argumentado que los procesos de vulnerabilidad están asociados con el estado de salud de las personas. Por lo tanto, cuando la población es más vulnerable, no solo en temas económicos sino también en ser estigmatizada y discriminada, existe un mayor impacto negativo en términos de salud.

“Podemos decir que el estigma ha llevado a que se incremente la prevalencia de las infecciones de transmisión sexual, pero también la presencia de tuberculosis, porque la gente prefiere no hablar de estos temas, quedarse callada y poner las personas que padecen estas enfermedades en un cuarto oscuro antes que realizarles un proceso de intervención”, detalla Cardona.

Con respecto a lo anterior, el epidemiólogo Carlos Alberto Rojas expresa que el estigma se convierte en una barrera para que estas personas reciban el tratamiento adecuado en salud y el apoyo de sus familiares. “En centros de salud los rechazan, lo que empeora la situación del habitante de calle”, dice.

Medicación minimiza riesgos

¿Por qué es tan importante que estas personas tengan acceso a servicios de salud? La respuesta es que una atención adecuada, en especial en el caso de las infecciones de transmisión sexual, minimiza el riesgo de contagio.

“La transmisión del VIH en Colombia se da principalmente por tener relaciones sexuales sin protección, pero también una mujer en embarazo se la puede transmitir al bebé. Por ejemplo, si una habitante de calle está embarazada, tiene VIH y no recibe el tratamiento ni se hace un protocolo adecuado para el parto, el niño se puede infectar”, explica Rojas.

Según Andrés Cardona, la ciencia ha identificado que una persona que vive con VIH y que se encuentra en un tratamiento, tiene menos posibilidades de transmitirlo a otros. Algunas publicaciones científicas afirman que el virus es casi nulo cuando la persona toma medicamentos. Pero para la población vulnerable, en especial habitante de calle, el acceso a la atención en salud no termina siendo adecuada ni la más oportuna por las barreras del sistema.
Y no solo sucede con infecciones de transmisión sexual, pasa igual con enfermedades virales como la tuberculosis. Medellín es una de las ciudades donde más se presenta esta enfermedad. Cabe aclarar que su propagación no es exclusiva de los habitantes de calle, sino que en general en la ciudad existe un 70% de proyección de personas que pueden estar viviendo con esta infección de forma latente y desconocen que la tienen, según reportes de la Secretaría de Salud de Antioquia.

Para una persona que habita en la calle mantener un tratamiento para estas enfermedades es complejo, no solo por el acceso sino por la adherencia al tratamiento, porque este incluye temas como una adecuada nutrición, dormir bien, no consumir drogas ni alcohol y cumplimento en la toma de la medicación. De allí que desde la Fundación Semilla que Crece se trabaje con ellos en una atención primaria en salud bajo el modelo de la escucha. “¿Qué necesita todo ser humano cuando está enfermo o triste? Que lo escuchen. Y hemos detectado que gran parte de los problemas que tienen estas personas y su alto grado de deterioro es por problemas de salud mental”, concluye Don José.

Intervención en salud con sentido social

Hace cerca de 10 años nació la Fundación Semilla que Crece en el centro de Medellín. Diariamente salen a realizar una intervención social al habitante de calle desde la perspectiva de la medicina general y salud mental, con el objetivo de brindarle a esta población una recuperación integral.