jueves, noviembre 23, 2017
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Desvelados por el ruido

La estridencia emanada de establecimientos nocturnos en la Comuna 10, ha opacado durante años la calidad de vida de los residentes. Normas nacionales e iniciativas locales ayudarían a superar esta molesta y persistente anomalía.

Alexander Barajas Maldonado

Los Álamos es un edificio de apartamentos bastante acogedor. Sus habitantes dicen que fue levantado por los mismos constructores del Coltejer y que hasta tiene los mismos años. Se sienten orgullosos de sus hogares, pero su vida cotidiana está lejos de ser envidiable y ellos mismos lo reconocen: son vecinos de uno de los sectores con bares y establecimientos nocturnos más activos, y por lo mismo -aunque no debería ser así-, más bulliciosos y desordenados que tiene la rumba en el centro de Medellín.

Se trata de un triángulo cercado por la Avenida Oriental, la calle Barbacoas y la carrera Sucre, en el barrio Villanueva, donde parece que se pierde cada noche la noción de orden y paz. Y no lo dicen solamente los insomnes vecinos; los mismos propietarios de los negocios lo aceptaron, luego de escuchar a los afectados, el pasado 17 de junio en la reunión cumplida en uno de los bares del sector. Ese cara a cara -que increíblemente parece ser el primero pese a que la situación lleva años- fue propiciado por la Policía de La Candelaria y funcionarios de la Secretaría de Seguridad y Convivencia.

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Jorge León López, presidente de la JAC de Villanueva, expresó esa tarde que la propia entidad comunal “nació en Los Álamos por el tema del ruido y el desorden. Yo mismo presenté un memorial hace tres años a la inspección de policía (la 10A Prado Centro) pero nunca respondieron”. Ese parecer fue secundado por residentes del mismo edificio y otros vecinos, quienes manifestaron estar cansados de quejarse y de que las autoridades no resuelvan el problema.

No faltó quien señalara en voz baja y como una feliz coincidencia, la convocatoria a ese encuentro y la presencia de este redactor de Centrópolis. De cualquier forma, el mea culpa de los comerciantes terminó con una promesa verbal de disminuir el ruido, además de cumplir con la no atención a menores de edad, el respeto al espacio público, la adecuada disposición de basuras y evitar que sus clientes cierren la vía parqueando motos y carros, lo cual es muy común, a pesar de que llegan a consumir licor.

Las autoridades se comprometieron a reforzar la vigilancia para que se cumplieran estas buenas intenciones. Alguien habló de levantar un acta y hacerla firmar para darle un carácter más formal; otros, que dependiendo de esa primera experiencia, se definiera luego una ceremonia más formal para la firma de un pacto entre las partes. Dos semanas después, los vecinos dijeron percibir cierta mejoría, aunque todavía lejos de lo acordado. Igual, es poco tiempo para solucionar tantos años de justificado escepticismo por malas prácticas y escaso control efectivo.

Autorregulación, por ahora

El caso de Barbacoas no es único ni en La Candelaria ni en el resto de la ciudad. Tampoco sería justo informar que desde los entes oficiales poco o nada se hace para superar estas situaciones. Al contrario, con gestión conciliadora a favor de la sensibilización y la autorregulación de los comerciantes, están avanzando mucho si se compara con lo que se ha hecho en el pasado, y al parecer los esfuerzos serán mayores -con más capacidad de vigilancia, control y sanción- si se concreta lo proyectado desde la administración municipal, según comentó a este medio Andrés Tobón, subsecretario de Gobierno Local y Convivencia.

“Vamos a utilizar las herramientas y los recursos que están definidos en el Plan de Desarrollo y en el POT para el control de la noche en la ciudad”, explicó refiriéndose primero a que la nueva hoja de ruta municipal estipula el fortalecimiento del gobierno local (inspecciones y comisarías) y de programas como Medellín Convive la Noche, que es una actualización de Medellín Despierta y Rumba Segura, los cuales venían persiguiendo objetivos similares desde hace cuatro alcaldías.

En la Comuna 10 operan cuatro inspecciones de policía, ubicadas en Prado Centro, Boston, Plaza Minorista y Alpujarra. Luego de que estas cierran jornada, en horas de la noche sus funciones las asumen las inspecciones permanentes P1 y P4 (El Bosque y Poblado), que además cubren otras comunas, lo que dificulta todavía más las labores de vigilancia y control.

“Vamos a dignificar las condiciones de trabajo de los inspectores, que en buena parte explican lo que nos encontramos: represamiento de 27.000 procesos en inspecciones de policía y 7.900 en comisarías, acumulados desde el 2004, y todos los días recibiendo más y más casos, sin personal ni herramientas”, dijo Tobón, agregando que su despacho trabaja en la redacción del proyecto de acuerdo pertinente, que también incluiría la reestructuración de las actuales y la creación de por lo menos seis inspecciones operativas dedicadas exclusivamente a atender en la noche, con recursos tecnológicos y legales, los casos que alteren la seguridad y la convivencia.

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En lo que tiene que ver con el POT, el subsecretario arguyó que se definirán y se harán efectivos (a más tardar a principios de 2017) los llamados Planes Ambientales Urbanísticos, una disposición que tiene hoy por lo menos año y medio de atraso en su aplicación. “Por zonas, se establecerán normas básicas de convivencia para todos los establecimientos, en cuanto a ruido, horarios, espacio público, etc. Si no se cumplen, prácticamente los empresarios de esa zona serán sancionados en bloque”.

Con este panorama, para los propietarios de ruidosos bares, discotecas y establecimientos afines, parece un buen negocio empezar a acoger las recomendaciones de autorregulación que desde la alcaldía y su programa Medellín Convive la Noche viene proponiendo. Hasta ahora en nuestra comuna, 180 comerciantes han sido sensibilizados sobre ruido y otros temas que afectan la convivencia, de los cuales 103 se han vinculado al programa que además permite una extensión del horario. Si bien esta iniciativa también asesora gratis para insonorizar locales, al cierre de esta edición, ninguno en el centro había empezado ese proceso.

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Los comerciantes interesados pueden acudir a las inspecciones, a la policía, o directamente en la oficina 312 de la Alcaldía de Medellín, en La Alpujarra (teléfonos 3858887 / 3858879 / 3855462). Entre tanto, los residentes del centro como don Herman Quintana, habitante de Los Álamos, solamente esperan poder disfrutar de su apartamento en tranquilidad. “En cinco años son contadas las noches en que he podido descansar de verdad. Esperemos que esta vez sí sea verdad tanta dicha”.

Nuevo Código de Policía

Faltando la conciliación, el análisis constitucional y la sanción presidencial, el nuevo Código de Policía es otra esperanza para los quejosos por ruido. “Habla de multas de $360 mil para negocios y malos vecinos. Esas sanciones las aplicaría la policía y los inspectores, pero hasta que no surta los trámites que faltan y se reglamente la nueva ley, seguimos con pocos dientes”, explicó el coronel Henry Mauricio Galán, comandante del Distrito 3 de la Policía. Mientras tanto, los 66 cuadrantes existentes en el centro, con sus dos agentes por turno, seguirán atendiendo las quejas por ruido y otros muchos temas de convivencia, con llamados de atención, si acaso.




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