Expertos afirman que, en menores de tres años, la interacción con las personas y el medio ambiente es lo ideal para su desarrollo. Apague las pantallas.
‘Desencartarse’ es una palabra común en el léxico de los antioqueños y significa deshacerse de algo o alguien que resulta incómodo. Muchos de los padres de hoy, por no tener una idea clara sobre qué hacer con los niños pequeños, prefieren que ellos estén ocupados con dispositivos como el televisor, computador, tableta o celular, y aunque la palabra suene extrema, que tire la primera piedra el padre que no se haya ‘desencartado’ de su pequeño cuando hace alguna rabieta, o cuando no se duerme pronto, o cuando se está ocupado trabajando, entregándole un celular.

Sin embargo, esa solución puede resultar bastante perjudicial para sus hijos si se hace una costumbre. Expertos han determinado que, en el caso de los niños entre dos y tres años, definitivamente es mejor que no estén expuestos a las pantallas pues ello perjudica su desarrollo ideal.

“Para los menores de dos años no se recomienda ningún tiempo en las pantallas. La idea es que ellos estén gateando, jugando, corriendo en un parque, interactuando y comunicándose con los otros niños y con los adultos que los rodean”, señala Marta Martínez, médica neuropsicóloga y coordinadora de la maestría en Neurodesarrollo y Aprendizaje de la Universidad CES.

Para la experta, el uso de las pantallas a esta edad no debe pasar más allá de un saludo con un familiar en una video llamada o un par de minutos según la situación.

Por sí solos, los dispositivos móviles no son negativos, incluso son utilizados como herramientas educativas. Lo negativo, recuerde, es el tiempo sin control al que los niños son expuestos.

Por su parte, la psicóloga Laura Mabit, del Instituto Colombiano del Sistema Nervioso – Clínica Monserrat, en Bogotá, ubica el límite de edad para no usar las pantallas en los tres años. Explica que los pequeños menores de esa edad no tienen la madurez cerebral para procesar esa información afectando el desarrollo de sus habilidades motrices, la función distintiva de su lenguaje y su autonomía. “Un niño aprende más de una persona que de una pantalla”, advierte la profesional.

Esas interacciones que mencionan Martínez y Mabit, permiten que se desarrolle el lenguaje, su habilidad física y la configuración de lo simbólico, mientras que la exposición o el uso de pantallas generan niños estáticos, que no realizan intercambios simbólicos, no dialogan y no interactúan con sus entornos.

Para Sandra Corrales Cano, psicóloga y especialista de la Universidad San Buenaventura, estos efectos negativos no son un mito, los estudios han demostrado sus consecuencias y en la prevención, los padres y educadores son protagonistas.

“La interacción social es una de las herramientas más importantes y debe ser influenciada por las familias y luego por los educadores a cargo de los niños, los cuales les deben enseñar hábitos de vida mucho más saludables, los que, al ser repetitivos desde estas edades, constituyen el ideal para un sano desarrollo de la vida de los infantes”.

Ahora, después de los tres años, los niños y niñas pueden acceder a una exposición a las pantallas muy dosificada por los padres o cuidadores. Para las tres expertas, el control y acompañamiento de los padres son una condición inapelable del uso de estos aparatos que, en algunos casos muy específicos y con límites de tiempo claro, pueden resultar positivos.

“Estudios han demostrado que programas como Plaza Sésamo, aportan al vocabulario de los niños siempre y cuando sea algo muy mesurado, muy controlado. No más de una hora al día puede ser normal o positivo para el desarrollo de los niños”, precisa la neuropsicóloga de la Universidad CES.

Padres: a pensar en el futuro

Los padres tienen toda la responsabilidad frente a sus hijos y deben tener la capacidad de generar los espacios de juego, de descanso, de interacción que les permitan estimular desde estas cortas edades, un desarrollo sano, hábitos que después serán cruciales cuando sus hijos crezcan.

Un estudio realizado por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos con 4.500 niños de entre 9 y 10 años, a quienes se les escaneó su cerebro con resonancia magnética y que pasaban entre seis y siete horas diarias expuestos a los videojuegos, celulares y demás dispositivos, determinó que padecían de un adelgazamiento prematuro de su corteza cerebral, lo que es considerado un proceso del envejecimiento de esta parte, que tiene la función de procesar las informaciones enviadas al cerebro a través de los sentidos. Además, pruebas complementarias del estudio, realizadas a niños que pasaban dos horas o más en las pantallas, arrojaron como resultado que tuvieron peores puntajes en lenguaje y razonamiento.

Así que, en relación con la exposición de sus niños menores de tres años a las pantallas, no existen excusas que, en criterio de los expertos, justifiquen el uso de dispositivos móviles o televisores. Es la interacción con el entorno lo que está establecido como lo más positivo para ellos y su desarrollo ideal, así que sea creativo, paciente y, sobre todo, responsable.