Montar en bicicleta por el centro de Medellín no es una tarea fácil, pero se sigue avanzando en la creación de una cultura de movilidad en la que los ciclistas y sus requerimientos sean respetados.

Por: Redacción Centrópolis

Foto: Omar Portela

Ana María Puerta y Mateo Arango son dos estudiantes de trabajo social que viven en el centro de Medellín y encontraron en la bicicleta un estilo de vida. Comenzaron a montar bici hace seis años de manera paulatina, pero hoy en día no es para ellos un pasatiempo, se ha convertido en una pasión que los acompaña en los recorridos cotidianos y hasta en sus vacaciones, porque han comenzado a viajar a diferentes lugares en bicicleta.

Medellín no es todavía una ciudad que utilice de forma masiva la bicicleta. Esto quedó claro en la Encuesta Origen Destino realizada en el 2017 por el Área Metropolitana. Apenas un 2% de la población la usa. No obstante, en el año 2012, menos del 1% de la gente montaba. Con las dificultades ambientales y de tráfico que vive la ciudad, este panorama es, por lo menos, esperanzador.

EnCicla tiene más de 56.000 usuarios, 1.300 bicicletas y 51 estaciones, 12 de estas en el centro.

En la encuesta, realizada cada 5 años para saber cómo es la dinámica del transporte regional, se muestra que 27 de cada 100 habitantes de Medellín se mueven a pie, un 19% de la población utiliza transporte público, el 14% el Metro, 13% en carro particular, 12% en moto, 6% en taxi y 2% en bicicleta. Dentro de ese 2% están Mateo y Ana, que ahora son más expertos, pero comenzaron muy “buñuelos”, como lo afirman mientras sonríen. Ana María arregló una bicicleta vieja que tenía en su casa, el sillín estaba muy bajo y las rodillas le llegaban hasta los hombros. Mateo tiene una beca para estudiar, que incluye sostenimiento, la primera consignación que le hicieron la invirtió en una bicicleta playera, de las que tienen canasta al frente, era muy pesada y como era inexperto le cobraron mucho más de lo que vale. Las bicicletas y los repuestos los compran en Carabobo, entre las calles 54 y 57, famosas por tener cualquier modelo o accesorio, el centro tiene uno de los lugares más importantes para el comercio de estos vehículos.

Entre dificultades y avances

Ni el centro ni muchos espacios de la ciudad están diseñados para los ciclistas, pero se ha avanzado. En Carabobo hay una ciclurruta, pero es complejo transitarla porque se atraviesan los venteros y los peatones. Mateo afirma que algunos se enojan cuando se les reclama por invadir el espacio exclusivo de las bicicletas.

A veces montar en bicicleta se hace complicado porque el carril derecho, por el que se debería transitar, es exclusivo para los buses. Otro inconveniente para quienes usan este vehículo como medio de transporte es que hay pocos espacios para encadenar la bicicleta, pero esto ha ido cambiando. En el centro, por ejemplo, el Teatro Pablo Tobón Uribe, el Parque del Periodista y el Pequeño Teatro tienen armazones para tal fin, pero aún faltan muchos más espacios para poder parquearlas.

Y otros avances se han dado en la zona: el teatro Matacandelas ofrece descuentos en las boletas para quienes vayan en bicicleta, en otros teatros no tienen descuento, pero permiten guardarlas. Otra alternativa que han encontrado los ciclistas es guardar la bicicleta en algún parqueadero, “por dos o tres horas, cuando he ido a cine al Colombo, me han cobrado 500 pesos”, cuenta Mateo.

Ana María es artista, diseña y construye marionetas, un oficio que aprendió en Chile, también pinta y hace teatro. Esa cercanía con el arte la llevó a estar más cerca del centro y por eso montó su taller en el barrio Prado. Desde allí se desplaza por todo el centro y le tiene mucho cariño a los recorridos, aunque identifica diferentes problemáticas a las que se enfrentan los ciclistas.

En el actual Plan de Desarrollo de Medellín hay varias iniciativas pensadas en una ciudad con movilidad sostenible.

Según indica, hay una falta de cultura en los conductores, que no entienden que deben mantener la distancia con respecto a los ciclistas, también hay poco respeto por las señales de tránsito, una vez la atropelló un carro porque el conductor no obedeció una señal de Pare. Otro gran problema que ha enfrentado es el acoso callejero, cuando monta con Mateo no le dicen nada, pero cuando está sola siempre le llueven insinuaciones y piropos obscenos.

Mateo y Ana María han llevado el amor por la bicicleta más allá y quieren recorrer el mundo pedaleando, comenzaron con

Foto: Omar Portela

viajes cortos, subieron La Palmas, Caldas y después se aventuraron hasta Gómez Plata, en el norte de Antioquia, luego dieron un salto y se fueron hasta Arboletes (Urabá antioqueño), viajaron durante siete días por carreteras de todo tipo. Lo mejor de los viajes, cuentan emocionados, es el contacto con la gente, la cercanía que se logra. Al ir en bicicleta nadie desconfía de ellos, les ayudan, los acompañan, les dejan la comida y el hospedaje más barato. En la última parte del recorrido hacia Arboletes estaba de noche y llovía, Ana paró en una casa y le pidió al dueño que los dejara quedar a dormir, el señor les arregló un cuarto, les permitió bañarse y les brindó comida, como esa experiencia se han encontrado muchas más en el camino.

En Medellín hay 3 días habilitados (martes, jueves y domingos) para las Vías Activas y Saludables, o ciclovías.

Para ambos, es muy diferente pedalear en carretera a hacerlo en la zona urbana, en la ciudad hay que aprender a atravesar glorietas, hacer señales con las manos, lidiar con los carros. Una particularidad que explican es que afortunadamente en Medellín no es muy común que a alguien lo bajen de la bicicleta y se la roben, la práctica más común es que le rompan el candado y se la lleven cuando está parqueada. Eso le pasó a Mateo, le hurtaron la bicicleta una vez en el estacionamiento de un centro comercial.

Recalcan la necesidad de educar a la gente, a los peatones que se atraviesan permanentemente en las ciclorrutas, a algunos de los conductores que piensan que tienen prelación sobre el resto de personas que están en la calle y a un gran número de ciclistas que también aprovechan las facilidades que ofrece la bicicleta y comenten muchas imprudencias. Todas estas problemáticas se hacen especialmente sensibles en el centro porque muchas calles son tan estrechas como en los barrios, pero por ellas transitan muchos más buses y taxis, lo que hace el viaje más complejo, como para aventureros.